En un giro digno de un taller de computación de primaria, la senadora con licencia Julieta Ramírez enfrentó una «seria» investigación de Televisa. El arma del crimen mediático: un supuesto acuerdo con EE. UU. que, según la morenista, parecía diseñado por un sobrino aburrido usando Microsoft Paint.
El noticiero estelar, con la solemnidad de quien revela los secretos del universo, presentó un presunto «proffer agreement» que vinculaba a Ramírez con la fiscalía de San Diego. Este documento, que supuestamente permitiría a la senadora cantar como canario a cambio de inmunidad, lucía menos creíble que un billete de tres pesos. El texto incluía frases dramáticas sobre su destino quedando a criterio de los fiscales, probablemente escritas en Comic Sans, para darle más impacto.
Lejos de sudar frío, Ramírez se dedicó a demoler la farsa con el aplomo de un campeón de Jenga. Retó al medio a mostrar el papiro completo, sabiendo que no existía. Luego, publicó memes con un reloj de arena, esperando pacientemente la evidencia que nunca llegó. Al final, compartió una captura del «documento» con el comentario «Ni a ChatGPT llegan», un golpe letal a la credibilidad de la «investigación». Para rematar, musicalizó el fiasco con una rola de Molotov. La dirigencia de Morena, con Ariadna Montiel e Ignacio Mier al frente, reaccionó con la urgencia de quien ve a un mosquito intentar derribar un edificio, calificando la trama de «falsa» y respaldando a su compañera.
Mientras la oposición busca un curso de Photoshop más avanzado para su próximo intento, Julieta Ramírez demostró que para desmantelar una operación mediática a veces no se necesita un abogado, sino un buen sentido del humor y un meme bien puesto. El pueblo, al parecer, no fue hecho bobo.



