Como si se tratara de una pelea de vecinos por el tendedero, el Reino Unido se ha hartado de la diplomacia y ha decidido pasar a la acción directa. El ministro de Exteriores británico, cual presidente de la comunidad de propietarios hasta las narices, acusó al gobierno israelí de mirar para otro lado mientras sus colonos se dedican a «redecorar» Cisjordania con un estilo expansionista que no está en el catálogo de IKEA.
En una sesión parlamentaria que tuvo más drama que un capítulo de telenovela, Miliband soltó la bomba: «Estamos viendo cómo se produce una limpieza étnica, y el gobierno israelí actúa como si estuviera viendo una maratón en Netflix, totalmente ajeno». Y añadió, con el tono de quien descubre que le han robado el almuerzo de la nevera común: «¡Y encima, algunos de sus ministros les dan palmaditas en la espalda!».
Así que, como castigo, el Reino Unido ha decidido aplicar una sanción que duele más que quedarse sin datos a fin de mes: prohibir la importación de productos de los asentamientos. «Se acabaron los dátiles de la discordia y los aguacates de la ocupación», pareció decir el ministro, anunciando que la medida era un esfuerzo coordinado, como cuando todo el grupo de amigos se pone de acuerdo para no ir a tu fiesta de cumpleaños.
Y es que el Reino Unido no está solo en este boicot. Otros 10 países europeos y Canadá se han sumado al carro, formando una especie de «liga de la justicia anti-colonias» que amenaza con dejar los estantes de los supermercados israelíes llenos de productos sin vender. Las sanciones también van para las empresas que colaboran en la expansión, como si les dijeran: «O dejas de construirles la piscina o te quitamos el saludo».
La respuesta de Israel, lejos de ser conciliadora, fue el equivalente a un portazo en las narices. Ordenó el cierre del consulado británico en Jerusalén, una medida que se traduce del diplomático al español como: «¿Ah, sí? Pues ahora te quedas sin tu club de té en mi ciudad». La tensión sube más rápido que la factura de la luz en verano, y todo el mundo está esperando a ver quién es el siguiente en tirar el mate.



