Prepárense, mortales, porque el Gobierno ha desempolvado su bola de cristal financiera para el 2027. En un documento que parece escrito por contadores que tomaron un curso de futurología, se proyecta un paraíso fiscal donde las empresas del Estado nadan en billetes y los impuestos florecen como margaritas.
La joya de la corona es Pemex, que, cual ave fénix contable, proyecta un superávit de 95.1 mil millones de pesos. ¿El secreto? Una ayudita gubernamental de 81.1 mil millones, el equivalente a que tu mamá te pague la renta para que puedas presumir de ahorros. Sin el subsidio, el saldo a favor sería de 14 mil millones, nada despreciable. La CFE también se apunta a la bonanza con 25 mil millones de superávit. ¿Y qué si los ingresos petroleros bajan un 10.3%? Eso es para novatos. La verdadera magia está en la recaudación de impuestos, que se inflará como un globo de feria hasta los 6,263.9 mil millones de pesos, un 5.9% más. El gobierno confía más en tu declaración anual que en un pozo petrolero, impulsando el ISR y el IEPS a niveles heroicos. El plan es tan redondo que hasta el IMSS y el ISSSTE registrarán ganancias, confirmando que la salud financiera del país está más fuerte que nunca. El déficit del gobierno federal, de 1,570.3 mil millones de pesos, queda como un detalle menor en esta sinfonía de números positivos.
Así que no se preocupen si el barril de petróleo decide jugar a la montaña rusa. El Gobierno tiene todo fríamente calculado, equilibrando déficits y superávits con la destreza de un malabarista de circo. El futuro es brillante, siempre y cuando las proyecciones no se equivoquen.



