Toda la gente de Wall Street está con los nervios de punta, esperando las palabras del nuevo mandamás de la Reserva Federal, Kevin Warsh, como si fuera el último capítulo de una serie de suspenso. El gran evento es en Jackson Hole, un lugar que suena más a rancho de vaqueros que a centro de poder económico. La expectativa es máxima, aunque la historia sugiere que estos discursos suelen tener la misma emoción que ver secar la pintura.
La historia, esa gran aguafiestas, nos dice que normalmente el mercado reacciona a este evento con un bostezo colectivo. Desde el año 2000, el índice S&P 500 apenas se ha movido un promedio de 0,4% en la semana siguiente al fiestón. Es más, los que apuestan a futuro están tan poco entusiasmados que anticipan menos movimiento que en una partida de ajedrez por correo.
Claro que en Wall Street decir «esta vez no será diferente» es tan peligroso como decirle a tu pareja que esa ropa le queda «cómoda». El principal problema es que Warsh ha decidido jugar al misterioso, rompiendo con la tradición de sus antecesores de dar pistas sobre los futuros movimientos de las tasas de interés. Es como si el capitán del barco anunciara por el altavoz: «Llegaremos a un puerto… eventualmente. No pregunten más».
Este silencio deja a los operadores con más dudas que un filósofo en una tienda de electrodomésticos, y el riesgo de que malinterpreten sus palabras es altísimo. Todos recuerdan con pavor el discurso de 2022, cuando el entonces jefe Jerome Powell aprovechó el micrófono para advertir que la lucha contra la inflación traería «sufrimiento». Ese día, el S&P 500 se desplomó un 3,4%, demostrando que a veces el aburrido simposio sí trae fuegos artificiales, aunque sea para quemar tu dinero.
Por ahora, el mercado está más tranquilo que un balneario en invierno, con una volatilidad por los suelos y más de 21 días sin una caída decente. Esta calma chicha tiene a todos preguntándose si el discurso de Warsh será una palmadita en la espalda o un cubetazo de agua fría. Los analistas apuestan a que no dirá nada relevante, pero nadie se atreve a ir al baño por si acaso.



