BYD saca pecho con sus ganancias, demostrando que es candil de la calle y oscuridad de su casa

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El gigante chino de los autos eléctricos, BYD, finalmente respira aliviado después de cinco trimestres de ver sus ganancias caer en picada. La compañía anunció un aumento del 30% en su beneficio neto, alcanzando los 8.200 millones de yuanes. ¿El secreto de su éxito? Aparentemente, darse cuenta de que vender coches fuera de China es como ir a terapia: un escape necesario del caos familiar que tienen en su propio mercado, donde la competencia es más sangrienta que el final de una película de Tarantino.

Informe El Chapucero

Y es que en China, el panorama automotriz parece una batalla campal en un estacionamiento. La competencia con rivales como Xiaomi y Xpeng ha desatado una guerra de precios tan agresiva que los descuentos vuelan por todas partes. Como resultado, las ventas totales de vehículos en el país se desplomaron un 21% el mes pasado. Mientras tanto, el gobierno chino les ha echado el ojo, prometiendo revisar que no estén sacando modelos nuevos más rápido que memes de internet a costa de la seguridad.

A pesar de la sonrisita por las ganancias, los números de ventas de BYD cuentan una historia menos alegre. En los primeros seis meses del año vendieron 1,81 millones de coches, lo que los deja más lejos de su meta anual de 5 a 5,5 millones que un político de cumplir sus promesas. Para alcanzar ese objetivo, necesitarían que la segunda mitad del año sea tan milagrosa como encontrar un billete de quinientos tirado en la calle.

Por suerte para ellos, los mercados internacionales han sido su salvavidas, su bote inflable en medio del naufragio. Las exportaciones de vehículos de pasajeros chinos se dispararon un impresionante 88% el mes pasado. Mientras en su país se pelean por las migajas del pastel, en el extranjero los reciben como a parientes lejanos que llegan con regalos, especialmente en Sudamérica y Europa, donde sus modelos más caros se venden como pan caliente.

Pero no todo es un paseo por el parque en su gira mundial. La Unión Europea ya está afilando los cuchillos para imponerles nuevos aranceles a sus vehículos híbridos. Además, su nueva fábrica en Hungría tiene más problemas que un adolescente en crisis, con acusaciones de abusos laborales y un retraso de casi un año. Y para colmo, están intentando meterse en el mercado japonés, un hueso tan duro de roer que hasta General Motors tiró la toalla hace años.

En definitiva, BYD está demostrando que a veces, la mejor estrategia para lidiar con los problemas en casa es simplemente no estar en casa. Mientras las exportaciones sigan fluyendo y la gente en otros continentes siga comprando sus autos, podrán seguir sonriendo para la foto y fingiendo que la situación en su propio patio trasero no es un completo desastre.

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