Kevin Warsh soltó en Wyoming que el banco central tendrá faena extra si la inflación subyacente no baja al dos por ciento con claridad. El tipo reconoció que las condiciones financieras actuales parecen demasiado sueltas y que podrían hacer falta alzas de tasas para apretar el cinturón de los precios. Según sus palabras, si la cosa no avanza rápido y sin rodeos, toca ponerse las pilas porque ese es su mandato y su responsabilidad.
El discurso duró dieciséis páginas y tocó temas lejanos como la inteligencia artificial, pero lo que más dolió fue la parte de las tasas a corto plazo como única herramienta útil ahora mismo. Warsh dejó claro que los grupos de trabajo que estudian el futuro entregarán sus ideas después y que eso no cambia las decisiones de hoy. También pidió señales del mercado lo más directas posible, sin filtros ni rodeos de última hora.
Los datos que más le preocupan son los del índice de gastos de consumo personal, que llegó al tres coma siete por ciento anual en julio. Casi la mitad de los artículos de esa cesta siguen subiendo por encima del tres por ciento cada año, una cifra que sigue lejos de la normalidad previa a la pandemia. Warsh dijo que los avances de los últimos dos años han sido modestos y que las tendencias subyacentes no han mejorado de forma notable.
El público adulto que sigue estas reuniones ya sabe que Jackson Hole suele ser el lugar donde los banqueros sueltan verdades incómodas antes de que los mercados se pongan nerviosos. Esta vez el mensaje fue directo: si la inflación no coopera, el trabajo sucio de subir tasas sigue sobre la mesa. Nadie salió de allí con la sensación de que todo está bajo control.
Al final, el remate quedó claro para quien quiera entenderlo: la Reserva Federal no va a quedarse mirando cómo los precios se ríen de su objetivo del dos por ciento. Si hace falta apretar, apretarán, aunque eso signifique que más de un bolsillo note el tirón. El humor negro de la jornada fue que, después de tanto rodeo, el recado principal cupo en una frase: o la inflación se porta o hay trabajo por hacer.




