El gobierno mexicano ha sacado de la chistera su plan maestro para no acabar pidiendo limosna en un idioma que no entiende: pedirán prestado casi todo en pesos. Según María del Carmen Bonilla, la mandamás de los dineros en Hacienda, la idea es evitar que la economía del país tenga más subidas y bajadas que una montaña rusa operada por un chimpancé. Al parecer, deberle dinero a los de casa es más seguro, porque si las cosas se ponen feas, al menos entiendes los insultos cuando vienes a cobrar.
Para el próximo año, el plan es pedir un modesto billón 700,000 millones de pesos en el mercado local, una cantidad con la que podrías pavimentar con billetes la carretera a Cuernavaca. En cambio, para la deuda en moneda extranjera, solo solicitarán unos discretos 13,500 millones de dólares, lo justo para los chicles y los recuerditos. La lógica es simple: si la tormenta financiera global nos agarra, es mejor que nos encuentre abrazados a nuestros propios billetes devaluados.
Con este dineral prestado, la subsecretaria asegura que se vienen tres cosas maravillosas: crecimiento económico, estabilidad fiscal y más inversión. Básicamente, la misma carta a los Reyes Magos que se escribe cada año con la esperanza de que esta vez sí se porten bien. Es la promesa de que ahora sí van a ahorrar, invertir en el negocio y dejar de gastar en tonterías, una resolución de año nuevo que todos sabemos cómo termina.
Parte de este festín de deuda se irá a cosas que suenan muy bien en el discurso, como un aumento del 11% al gasto en salud y un 8% para educación. Con eso, se espera que los hospitales tengan al menos curitas que sí peguen y que en las escuelas alcance para más de un gises por maestro. El resto, dicen, irá a la inversión para que el país produzca más, probablemente más memes sobre la propia deuda.
Al final del día, el gobierno promete solemnemente que será súper responsable, incluso planean reducir sus necesidades de financiamiento de un 4.1% a un 3.9% del PIB. Un esfuerzo titánico, casi heroico, equivalente a hacer dieta comiéndose una rebanada de pastel en lugar de dos. En resumen, la estrategia es seguir pidiendo prestado, pero ahora en español, para que todos nos sintamos más en familia mientras hipotecamos el futuro.




