La inflación en Colombia sube más rápido que la espuma de una cerveza mal servida

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Damas y caballeros, saquen los pañuelos y preparen sus billeteras para un funeral digno. El Departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE), esa entidad que disfruta anunciando desgracias con la misma alegría que un niño con un juguete nuevo, acaba de soltar la bomba: la inflación anual ya va por el 6,29%. El pequeño pero ponzoñoso aumento mensual fue del 0,37%, suficiente para arruinarle el presupuesto del mes a cualquiera que no sea dueño de un equipo de fútbol.

Informe El Chapucero

Los sospechosos habituales de este atraco a mano armada son, cómo no, la comida, el arriendo y los servicios públicos. Pero este mes, la división de Educación se unió a la fiesta con un alza del 1,43%, demostrando que en Colombia hasta volverse más inteligente sale carísimo. Los alimentos y las bebidas no alcohólicas, por su parte, subieron un 0,78%, recordándonos que el simple acto de comer es ahora un deporte extremo para las finanzas personales.

Pero la verdadera película de terror está en la sección de verduras del supermercado. El tomate (10,47%) y las papas (7,29%) han decidido que quieren ser artículos de lujo, probablemente aspirando a ser vendidos en joyerías. Las hortalizas y legumbres frescas en general se treparon un 9,10%, lo que significa que preparar una ensalada ahora requiere de una hipoteca. Mientras tanto, los huevos subieron un 2,29%, porque las gallinas, al parecer, también están al tanto de la crisis y exigen mejores condiciones laborales.

Si usted pensaba escapar de este apocalipsis de precios en avión, piénselo dos veces, porque los pasajes aéreos se dispararon un demencial 12,25%. Curiosamente, comprar un vehículo particular nuevo o usado bajó un 1,05%, así que tal vez es más barato comprarse un carro para ir a la costa que un tiquete de avión. Hasta el café, símbolo nacional, bajó un 1,21%, probablemente de la pura depresión al ver el resto de los precios.

Como en toda buena tragicomedia, el guion se ensaña con los más débiles. El costo de vida para los pobres subió un 0,41%, mientras que para los de ingresos altos solo aumentó un 0,32%. Una clara demostración de que la economía tiene un sentido del humor bastante retorcido, asegurándose de que a quien más le duele, más fuerte le pegan.

Así que ya sabe, la próxima vez que vaya a hacer mercado, lleve un casco y un chaleco antibalas, porque los precios andan disparando sin piedad. La única buena noticia es que la recreación y la cultura bajaron un 0,21%, porque, seamos sinceros, ¿quién tiene dinero para divertirse después de pagar la cuenta del tomate?

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