El terremoto sacude Colombia y los alcaldes cierran la noche a cal y canto

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Un temblor de magnitud 7.4 decidió este lunes que Colombia necesitaba un recordatorio de quién manda en el subsuelo y dejó el país hecho un rompecabezas de escombros. Los alcaldes de Pereira y Cali, hartos de que la tierra baile sin permiso, sacaron el toque de queda como quien saca la escoba después de una fiesta que nadie organizó.

En Pereira, Mauricio Salazar decretó que desde las 18:00 hasta las 5:00 nadie se pasee por el centro, la Comuna Universidad ni el subcentro Cuba. Objetivo oficial: proteger el comercio y dejarle la calle libre a los socorristas. Traducción de adulto con nervios: menos curiosos en moto y más ambulancias sin pelearse con el tráfico. Salazar habló de al menos 55 muertos, clases suspendidas hasta nuevo aviso porque hay colegios haciendo aguas, hospitales que colapsaron y un conteo de 18 edificios tirados al suelo más 60 con ganas de imitarlos. “Hoy Pereira atraviesa una situación difícil”, dijo el alcalde, frase que suena a eufemismo de manual cuando la tierra te reordena la ciudad sin consultar.

En Cali, Alejandro Eder no se quedó atrás y metió toque de queda de 20:00 a 6:00 para que los rescatistas trabajen sin que la noche se convierta en feria de oportunidades ajenas. El saldo local da escalofrío: al menos 35 muertos, cerca de 700 heridos y 188 desaparecidos. Cinco mil viviendas afectadas, tres hospitales en el suelo, otros 18 tocados y 39 centros educativos con daños. Eder militarizó puntos clave, sobre todo las comunas 19 y 17, y el presidente Abelardo de la Espriella anunció que más de mil hombres saldrían a patrullar desde el martes para frenar saqueos y desmanes que, según confesó, ya empezaron apenas tembló el piso. Porque nada dice “solidaridad post-desastre” como alguien intentando llevarse el televisor del vecino entre escombros.

Además, alerta roja hospitalaria: cirugías que no sean urgentes a posponerse, que aquí lo prioritario es sacar gente con vida en las primeras 48 horas críticas. Agua y luz fallando en varios puntos, rescatistas contra reloj y autoridades intentando que el caos no se convierta en segundo desastre con patas.

Así que el sismo de San José del Palmar hizo de las suyas, los muertos duelen, los desaparecidos apuran y los alcaldes respondieron con la receta clásica de emergencia tropical: toque de queda, militares en la calle y la esperanza de que la tierra se quede quieta un rato. Colombia tiembla, la gente sufre y el comercio duerme con candado doble… porque hasta los ladrones entienden que hay noches en las que mejor no tentar al destino.

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