El yen se acerca a 160 y revive el fantasma de la intervención

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El yen se aflojó un poquito más y se plantó cerquita de ese número mágico de 160 por dólar que pone nerviosos a los funcionarios japoneses como a un consorcista cuando ve la factura de las expensas. Aunque el martes la actividad fue tibia porque Tokio estaba de fiesta y con los mercados cerrados, los operadores ya se relamían pensando en una caída hacia esa barrera que otras veces frenó la debilidad de la moneda nipona. En la sesión de Londres llegó a ceder un 0,1% y se acomodó en 159,39. Casi rozando el timbre de alarma.

El lunes había sido su peor jornada desde mediados de febrero: se depreció un 1% mientras el dólar se ponía musculoso frente a casi todas las divisas del Grupo de los 10. Con eso, el yen ya perdió casi la mitad de lo que había ganado desde el 31 de julio, cuando Japón y Estados Unidos hicieron su primera intervención coordinada para sostenerlo desde 1998. Aquella movida lo sacó de un pozo de casi cuatro décadas (alrededor de 164 yenes por dólar) y lo llevó hasta un máximo de 155 a principios de este mes. Ahora la debilidad volvió a instalarse como ese pariente que jura que se va y termina quedándose a dormir en el sillón.

“Si el par dólar-yen supera de forma decisiva el nivel psicológicamente importante de 160, las preocupaciones por una posible intervención podrían intensificarse todavía más”, escribió Masayuki Nakajima, estratega sénior de Mizuho Bank, con tono de quien ya vio esta película varias veces. Los mercados volvieron a mirar lo de siempre: los amplios diferenciales de tasas de interés con Estados Unidos, las dudas sobre las cuentas fiscales de Japón y la incertidumbre geopolítica. Todo eso sigue aplastando al yen, aunque en Tokio y Washington avisen que están listos para actuar otra vez si hace falta. Hasta Bessent prometió hacer “lo necesario”, aunque su capacidad real de meter mano sea más limitada que la de un árbitro en un clásico de barriada.

Moralita de cambio flotante: el yen coquetea otra vez con la línea roja, los traders se frotan las manos y las autoridades sacan el fantasma de la intervención como quien amenaza con el cinturón. A veces funciona. A veces el mercado se ríe y sigue empujando. Bienvenido al eterno baile entre monedas, donde 160 no es solo un número: es el momento en que alguien decide si saca la chequera o deja que la fiesta continúe.

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