El terremoto de magnitud 7,4 del 10 de agosto no solo sacudió edificios: también le pasó la cuenta al flamante gobierno de Abelardo De la Espriella, estrenado apenas tres días antes. BTG Pactual soltó la primera estimación: Colombia podría necesitar de entrada recursos cercanos al 1% del PIB, unos 20 billones de pesos (6.350 millones de dólares), solo para empezar a atender la emergencia. Munir Jalil, economista en jefe para la región Andina del banco, lo dejó claro: todavía es temprano, pero ese sería el primer envío.
El balance de Asocapitales habla de 181 muertos, 1.310 heridos y 165 edificaciones colapsadas en las ciudades capitales, mientras siguen las labores de búsqueda y rescate. Jalil no se anduvo con rodeos al mirar las arcas: “Sin lugar a dudas no hay plata”. Justo antes del sismo el Gobierno había anunciado un recorte de otros 20 billones, también cerca del 1% del PIB, como “cuota inicial” frente a un hueco presupuestal de unos 30 billones. El déficit de 2025 cerró en 6,36% del PIB y el primario en 3,55%, con ingresos tributarios por debajo del 17% y gasto rondando el 23%.
Ahora la emergencia mete una presión casi idéntica al ajuste que se había prometido. Los planes fiscales no se cancelan, pero sí se demoran: “se le tiene, pero se le demora”, resumió Jalil. Entre las salidas aparece una posible emergencia económica para conseguir ese 1% del PIB extra y meter partidas de reconstrucción en el Presupuesto General, que venía en 575 billones con el tijeretazo ya anunciado. La carga financiera, además, subiría 29% hasta 118 billones el próximo año, por encima de los 89 billones de inversión pública.
Habrá reforma tributaria en septiembre, porque el recaudo actual vive de anticipos y gran parte del gasto es inflexible. Lo único “alegre” del panorama es que la plata que se bombee para levantar hospitales, edificios e infraestructura se convierte en actividad económica: materiales, empleo y PIB en las zonas golpeadas. Estados Unidos ya puso 15,5 millones de dólares para refugios y alimentos; Brasil, Ecuador y México ofrecieron ayuda. Mientras tanto, el nuevo gobierno estrena silla con un temblor de 7,4, una factura de 20 billones y la certeza de que el bolsillo nacional suena a monedas sueltas en un bolsillo roto.




