Tres monedas latinas se pusieron la capa de superhéroe en 2026 y están dejando a sus primas regionales mirando el partido desde la tribuna barata. El peso colombiano lidera la apreciación frente al dólar con un avance del 20,35%, según cifras de Bloomberg del lunes a la tarde. El guaraní paraguayo trepó 10,92% y el colón costarricense 10,64%. Como quien llega al asado con el mejor vino mientras el resto trae gaseosa floja.
“Lo que tienen en común es que la oferta de dólares les sobró frente a la demanda, aunque cada uno la consiguió por caminos distintos”, explicó Emanoelle Santos, analista de la aplicación de inversiones XTB. Que anden arriba no significa que compartan exactamente la misma receta. En Costa Rica y Paraguay pesan más las mejoras en cuentas externas y la percepción de riesgo; en Colombia mandan el diferencial de tasas y la entrada de capital financiero. Esa diferencia va a importar cuando el escenario global decida cambiar de canal.
El guaraní mejoró en serio gracias a mejores exportaciones, menor riesgo soberano y más demanda internacional de papeles en moneda local. La soja y sus derivados van como locomotora. Según el Ministerio de Industria y Comercio paraguayo, en el primer semestre las exportaciones superaron los 10.162 millones de dólares, un salto del 23,6%, impulsadas por el agro y la industria manufacturera. El grado de inversión y la entrada de bonos en guaraníes a índices internacionales les pusieron perfume al activo local. El Fondo Monetario destaca reservas amplias, disciplina fiscal creciente y primas soberanas a la baja. En criollo: Paraguay se acomodó en la mesa de los grandes sin pedir permiso.
Colombia también recibe capitales, pero por otro motivo. El diferencial de tasas con Estados Unidos se volvió un caramelo después de que el Banco de la República subiera la tasa al 12%, invitación abierta a las operaciones de carry trade esas apuestas de “pido barato allá y cobro caro acá”. El petróleo más firme y una mejor percepción política le dieron una mano al peso. El propio banco central reconoce que la moneda les ganó a buena parte de sus pares por factores internos y externos. Eso sí: al ser un respaldo más financiero, es más sensible a cualquier susto en las expectativas. La apreciación fue tan intensa que el Banco de la República anunció compras de hasta 4.000 millones de dólares para engordar reservas y frenar un poco el rally. Como ponerle freno de mano al colectivo cuando ya va en bajada.
En Costa Rica el empujón viene de las exportaciones de zonas francas, la inversión extranjera directa y los servicios. Superávit de divisas que superaba los 2.400 millones hacia abril y reservas en máximos históricos. Entran dólares por exportaciones, inversión productiva, turismo y otros rubros, mientras el déficit externo se mantiene chico. “La fortaleza reciente del colón responde a una oferta de dólares que sigue siendo abundante”, dijo Daniel Ortiz, economista y director de la consultora costarricense CEFSA. La demanda de billetes verdes creció menos, en un contexto de actividad más floja, importaciones menos entusiastas y un sector público que tampoco se desespera por dólares.
La política monetaria también pesa. El presidente del banco central insiste en que la prioridad es la estabilidad de precios, aunque la inflación ande alrededor de cero o incluso en terreno negativo, bien debajo de la meta del 3%. La apreciación del colón ayudó a contener los precios, pero tiene su costo: un colón demasiado fuerte puede pegarle a la producción, al empleo y a la competitividad de quien exporta, y hasta complicar las finanzas públicas. Ortiz advierte que no hay que asumir que este ritmo de apreciación dura para siempre. Ya se ven señales: deterioro de las cuentas fiscales, menos empleo en algunos servicios de zonas francas y empresas que confiesan que con este tipo de cambio cada vez cuesta más competir. Si eso se profundiza, la inversión extranjera podría moderarse y el dólar podría volver a empujar hacia arriba.
“Es difícil pensar en un regreso rápido a niveles cercanos a 600 colones por dólar. Pero tampoco parece razonable creer que alrededor de 450 sea sostenible para siempre”, cerró Ortiz. Para una economía chica, abierta y expuesta al comercio como Costa Rica, operar con un tipo de cambio nominal parecido al de hace más de dos décadas, con costos internos mucho más altos, es como pretender correr la maratón con los zapatos del colegio.
Moralita de cambista de esquina: cuando los dólares sobran, la moneda local se pone coqueta y el turismo de carry trade aparece con traje prestado. Colombia baila al ritmo de las tasas, Paraguay cosecha soja y confianza, Costa Rica exporta servicios y se pregunta hasta cuándo aguanta el tipo de cambio de museo. Tres historias distintas, un mismo resultado por ahora: el dólar les hace una reverencia. Veremos quién sigue de pie cuando la música cambie.




