Intel Corp. soltó al mercado una venta de acciones ampliada y se llevó 20.000 millones de dólares, un tercio más de lo que había soñado el lunes por la mañana cuando anunció el numerito. El fabricante de chips puso el precio a 95 dólares por acción, un descuentito del 6,5% respecto del cierre del viernes, como quien llega al supermercado a la hora de las ofertas y se lleva hasta el exhibidor. La demanda superó los 100.000 millones, según fuentes que prefieren no figurar en la foto. O sea: había más manos levantadas que en una asamblea de consorcio cuando se discute el aumento de las expensas.
La movida confirma que los inversores siguen enloquecidos con cualquier cosa que huela a inteligencia artificial. Este año las grandes emisiones de acciones en Estados Unidos las coparon las empresas que se benefician del derroche en centros de datos y chips mágicos. Alphabet anda juntando hasta 85.000 millones con ventas de todo tipo. Oracle apunta a otros 20.000 millones. La surcoreana SK Hynix levantó 26.500 millones con sus recibos de depósito y se anotó la mayor cotización extranjera del año en bolsas yanquis. Su rival china CXMT sacó casi 9.900 millones el mes pasado y casi bate el récord local. Parece el torneo de quién junta más billetes mientras promete que la máquina va a pensar por todos nosotros.
Las acciones de Intel cayeron un 1% antes de la apertura en Nueva York, después de cerrar el lunes a 97,52 dólares. Igual, en lo que va del año treparon alrededor del 164%, desde que el director ejecutivo Lip-Bu Tan se puso el traje de ordenanza y empezó a sanear las cuentas. El plan incluyó plata fresca del gobierno estadounidense y hasta de rivales como Nvidia, esa escena incómoda de pedirle prestado al vecino que te gana siempre al truco. Intel está llenando la caja fuerte para pelear un lugar más gordo en la fiesta de la inteligencia artificial. Los centros de datos ya le compran procesadores convencionales a lo loco, pero en el terreno de los chips especializados para IA sigue corriendo detrás de Nvidia y Advanced Micro Devices como el que llega tarde al colectivo y lo ve alejarse.
También necesita fondos para armar una red de fábricas y convertirse en el taller tercerizado de toda la industria tecnológica, ese sueño de “yo les fabrico a todos y cobro el peaje”. En el operativo de venta trabajaron los de siempre: JPMorgan, Goldman Sachs, Morgan Stanley y Citigroup, la orquesta completa de trajes caros que afina los instrumentos cuando huele a comisión grande.
Moralita de barrio financiero: cuando la inteligencia artificial pone la música, hasta el que venía flojo de papeles logra llenar el estadio. Intel cobró la entrada con descuento, la gente se amontonó y ahora tiene efectivo para soñar con fábricas y un rol menos secundario. Veremos si el estreno termina en ovación o en esa cara de “me comí el amague” que conocemos demasiado bien en estas pampas.




