El aluminio siguió trepando y marcó su máximo en siete semanas después de que un productor pesado de alúmina avisara que iba a bajar la persiana a la mitad. Norsk Hydro contó que su planta Alunorte, en Brasil, redujo la producción al 50% de capacidad porque el proveedor de gas natural le cortó el suministro como quien te deja sin Wi-Fi en plena final. Alunorte es de las más grandes del mundo fabricando alúmina, esa harina mágica sin la cual las fundiciones de aluminio se quedan mirando el techo. El metal subió hasta un 1,9% en Londres.
La empresa dice que volverá a full apenas haya gas de nuevo. El proveedor, CELBA, es de New Fortress Energy, una compañía tan endeudada que está en pleno proceso de reestructuración financiera: esa etapa en la que uno reordena las deudas mientras cruza los dedos para que no se apague la luz. El mercado del aluminio ya venía sacudido este año por la guerra de Irán, que cortó los flujos de metal de Medio Oriente (aproximadamente una décima parte de la producción mundial) y mandó precios y primas a las nubes. Aunque después de las primeras semanas intensas los valores retrocedieron, desde fines de junio recuperaron terreno y las existencias de la Bolsa de Metales de Londres cayeron a su nivel más bajo desde 1990.
El lunes el presidente Donald Trump soltó nuevas y amplias exigencias a Irán, incluida una indemnización por las personas asesinadas por Teherán. Condiciones que, casi seguro, Irán va a rechazar de plano, justo después de que la República Islámica repitiera sus propios pedidos de reparaciones en las negociaciones para frenar el conflicto. El endurecimiento de ambos lados apunta a un arreglo más largo que cola en el banco un viernes de cobro, y eso empaña cualquier esperanza de que el suministro de aluminio vuelva a la normalidad pronto.
“Las negociaciones en Medio Oriente no avanzan con fluidez, lo que debería dar cierto respaldo a los precios del aluminio”, apuntó Yan Weijun, responsable de investigación de metales no ferrosos de la comercializadora china Xiamen C&D. Las existencias en los almacenes de la Bolsa londinense vienen en caída libre y ya rondan un cuarto de millón de toneladas, el piso más bajo desde noviembre de 1990, pese a los aportes frescos de China e Indonesia. Norsk Hydro ya había advertido el mes pasado que el déficit anual mundial podría hincharse a más de 900.000 toneladas si no se normaliza el comercio por el estrecho de Ormuz.
El aluminio subió un 1,5% hasta los 3.367,50 dólares por tonelada en Londres a la mañana. Los futuros de alúmina cerraron con alza del 1%, a 2.724 yuanes por tonelada, en la Bolsa de Futuros de Shanghái.
Moralita de metalurgista de barrio: cuando el gas se corta en Brasil, la guerra traba el grifo en Medio Oriente y los depósitos quedan más vacíos que heladera de soltero fin de mes, el aluminio se pone de novio con los máximos. A veces el mercado sube por demanda real; a veces sube porque a alguien se le apagó la cocina. En cualquier caso, la tonelada ya cobra entrada VIP y el resto mira desde la vereda.




