Parece que los corredores de bolsa andaban con los nervios de punta, a punto de morderse las uñas hasta los codos, pero llegó un tal Christopher Waller de la Reserva Federal para calmarlos a todos. Con solo insinuar que quizás no subirían las tasas de interés en septiembre, el hombre provocó una fiesta más grande que la de un quinceañero con barra libre. De repente, todos en Wall Street se pusieron más contentos que un perro con dos colas, demostrando que su estabilidad emocional depende de un solo comentario.
La euforia se tradujo en números que parecían sacados de una película de ciencia ficción. El S&P 500 se disparó un 1,06%, el Nasdaq un 1,40% y el Dow Jones un 1,18%, todos en su mejor día en un mes. La probabilidad de que la Fed les amargara la existencia con una subida de tasas bajó del 70% a un tolerable 50%. Es el equivalente financiero a que te digan que el examen sorpresa se pospone, dándote un respiro para seguir sin estudiar.
El señor Waller, convertido en el nuevo héroe de los inversionistas, básicamente dijo que todo depende de los datos de inflación de agosto, que se publicarán la próxima semana. Si la inflación se porta bien y sigue bajando, dejará las tasas quietas como estatua de museo. Pero si la inflación se pone rebelde, sacará el cinturón y subirá las tasas sin pensarlo dos veces, dejando a todos pendientes del próximo capítulo de esta telenovela económica.
Como era de esperarse, este arrebato de optimismo tuvo sus consecuencias. El dólar estadounidense se debilitó más que la voluntad de uno a dieta frente a un pastel, cayendo a su nivel más bajo desde mayo. Mientras tanto, el bitcoin, esa moneda digital que nadie entiende pero todos quieren, aprovechó el viaje y se subió casi un 5%, superando los 81.000 dólares. Hasta el dinero mágico de internet se unió al jolgorio.
Las grandes empresas tecnológicas, por supuesto, fueron las primeras en servirse del pastel. Nvidia no solo subió, sino que anda comprando empresas de inteligencia artificial por 13.000 millones de dólares como si fueran chicles. Tesla y Meta también se unieron al desfile, mientras que Snowflake se disparó un 16,13% tras presentar unos resultados que dejaron a todos con la boca abierta. Básicamente, si tu empresa vendía algo con chips, ayer fue tu día de suerte.
Así que, por ahora, los magnates de Wall Street pueden dormir tranquilos, soñando con sus yates y sus montañas de dinero. Sin embargo, toda esta felicidad pende de un hilo, concretamente del informe de inflación de la próxima semana. La calma actual podría ser solo el silencio que precede a la tormenta, dejando a todos en un estado de ansiedad comparable al de esperar los resultados de una prueba de paternidad.





