Venezuela saca el petróleo del baúl y los bonos se disparan como cohete de feria

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En un giro de guion más inesperado que el final de una telenovela de las nueve, los bonos venezolanos han resucitado de entre los muertos. Esos papeles, que hasta hace poco servían para envolver el pescado o calzar una mesa coja, de repente son la nueva sensación del barrio financiero. Todo gracias a que el Tío Sam decidió que quería administrar una tajada petrolera del tamaño de un continente, y los inversionistas, con los ojos brillando como si hubieran visto a la Virgen, ya se frotan las manos.

La jugada maestra implica que Estados Unidos ahora tiene las llaves de más de 65.000 millones de barriles de crudo, lo que ha provocado que el valor de los bonos se dispare. Los bonos soberanos de 2027 alcanzaron la estratosférica cifra de 54 céntimos por dólar, lo que en el mundo de las finanzas en crisis es como pasar de comer pan duro a pedir postre. Los acreedores ven una luz al final del túnel, aunque todavía no saben si es la salida o un tren que viene de frente.

Los analistas y expertos, más emocionados que un niño en una dulcería, ya están haciendo sus apuestas. El plan podría hacer que la producción de petróleo en Venezuela alcance los 1,5 millones de barriles diarios en un par de años. Damien Buchet, un mandamás de Principal Finisterre, lo resumió con la elocuencia de un poeta: “Nos gusta lo que estamos viendo”. Traducido del lenguaje financiero al español: hay olor a dinero fresco y eso siempre pone a la gente de buen humor.

Por supuesto, no todo es color de rosa en este cuento de hadas petrolero. La deuda total podría superar los 229.000 millones de dólares, una cifra tan monumental que probablemente necesite su propio código postal. Gigantes como Chevron ya anunciaron que meterán 7.000 millones de dólares en la alcancía, con la esperanza de duplicar la producción. Es la apuesta más grande desde que alguien decidió que mezclar piña en la pizza era una buena idea.

Al final del día, los tenedores de bonos están pegados a sus asientos, esperando ver si esta resurrección económica es un milagro o solo un espasmo antes del colapso final. Javier Kulesz, de Jefferies, mantiene un optimismo cauteloso, como quien le presta dinero a un familiar. En resumen, Venezuela y Estados Unidos han vuelto como esa pareja tóxica que todos conocemos, y los inversionistas son los amigos que apuestan a ver cuánto duran. Con suerte, esta vez la reconciliación paga las cuentas pendientes.

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