Casi dos años después de jurar que revolucionaría los viajes con un auto sin volante ni pedales, Elon Musk está listo para hacer exactamente la misma promesa, a ver si ahora sí le creemos. El magnate volverá a presentar su Cybercab en un evento en Austin diseñado para fanáticos e influenciadores de redes sociales. La idea es lanzar formalmente su servicio de robotaxis, una pieza clave en su plan para que Tesla deje de ser solo una fábrica de autos eléctricos y se convierta en el rey de la inteligencia artificial, o al menos eso dice el guion.
Musk, en su papel de director ejecutivo y animador principal, calentó el ambiente en su red social con mensajes como “Una tormenta de Cybercabs”, probablemente imaginando una escena de película apocalíptica. Sin embargo, los analistas de Wall Street están menos entusiasmados y más nerviosos que un gato en una habitación llena de mecedoras. Si el gran evento se limita a un par de vehículos dando vueltas en el estacionamiento, predicen que las acciones de la compañía se irán a pique más rápido que las esperanzas de un lunes.
Y no es para menos, porque a las acciones de Tesla les urge un milagro, con una caída del 21% en lo que va del año. La grandiosa visión de Musk de desplegar miles de estos vehículos por todo Estados Unidos todavía parece un delirio de fiebre. Por ahora, su servicio de transporte “autónomo” en Texas y Florida opera con vehículos Model Y que, en algunos casos, todavía necesitan un supervisor humano a bordo para asegurarse de que el robot no decida jugar a los carritos chocones.
La cruda realidad de las cifras es aún más cómica. Hasta ahora, Tesla ha registrado solo 45 Cybercabs en Texas, para un total de 420 robotaxis contando los Model Y. Mientras tanto, su competidor Waymo, propiedad de Alphabet, ya tiene casi 1,000 vehículos operando en el mismo estado. Es como presumir que vas a ganar la Copa del Mundo y llegar al partido con la mitad del equipo y sin portero.
Para rematar el chiste, todo este despliegue podría ser completamente ilegal. Las leyes federales, tercas como ellas solas, siguen exigiendo que los autos tengan cosas tan anticuadas como pedales de freno y espejos retrovisores. A diferencia de otros competidores que ya pidieron permisos especiales, Tesla ni siquiera ha presentado una solicitud de exención. La agencia de seguridad vial simplemente dice que está “monitoreando la situación”, que es la forma burocrática de decir: “tenemos las palomitas listas para ver cómo termina este circo”.





