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Manifiestos y Euforias en el MUAC: Cate Blanchett y el Capitalismo en Pantallas Múltiples

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En la UNAM todo se vuelve pregunta existencial cuando llega el arte contemporáneo, y el MUAC decidió que septiembre de 2026 era el momento perfecto para convertir sus salas en un laboratorio de manifiestos históricos y críticas al individualismo moderno. Julian Rosefeldt trae sus obras audiovisuales Manifesto y Euphoria, dos piezas que parecen diseñadas para que el público salga preguntándose si el capitalismo es un guion mal escrito o simplemente una broma pesada que nadie quiere admitir.

Manifesto se instala desde el 5 de septiembre hasta el 6 de diciembre en la Sala 9, donde Cate Blanchett aparece en trece pantallas encarnando personajes que recitan fragmentos de manifiestos artísticos y políticos. La actriz australiana salta de un rol a otro como si estuviera en un casting eterno mientras las ideas de las vanguardias regresan para incomodar al presente. En noviembre, Euphoria llega al aire libre el día 14 a las 19:00 en la explanada de La Espiga del Centro Cultural Universitario como parte del FICUNAM, proyectando una revisión ética de la avaricia y las dinámicas del capital sin necesidad de pantallas convencionales.

La colaboración incluye al Festival Internacional Cervantino, Festival Cultura UNAM y el Museo de Arte de Zapopan, donde ambas piezas seguirán su ruta entre marzo y junio de 2027. Mientras tanto el MUAC abre las salas 4, 5 y 6 como espacios permanentes para su colección y acervos, y el Espacio de Experimentación Sonora revive a Alida Vázquez junto con piezas de Minia Biabiany, Olivier Marboeuf y Alexandre Estrela. Seminarios y encuentros sobre memoria, ecología política y colonialismo completan el programa. Al final, el verdadero manifiesto parece ser que el arte sigue obligando a la gente a mirar el mundo de reojo y preguntarse por qué todo sigue igual a pesar de tantas pantallas.

Festival del Chile en Nogada 2026 Convierte el Centro Histórico en Campo de Batalla Culinaria

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Septiembre llegó con su arsenal de chiles en nogada y el Centro Histórico de la CDMX decidió que la mejor forma de combatir la soledad moderna es obligando a la gente a compartir una mesa y un mantel lleno de granada. El Festival del Chile en Nogada 2026, que se realizará del 3 al 26 de septiembre en sesenta establecimientos entre restaurantes, hoteles y cocinas de mercados, promete más variantes de este platillo que excusas para no hacer dieta.

La Autoridad del Centro Histórico preparó un mapa digital donde los comensales pueden localizar los lugares participantes, precios y horarios sin perderse entre tanto mole disfrazado. Con apoyo de estudiantes de la Universidad del Claustro de Sor Juana, los organizadores reunieron más de cincuenta recetas de nogada que ya están disponibles en línea, por si alguien quiere replicar el desastre en su cocina y culpar después a la tradición. El rector Rafael Tovar López-Portillo señaló que la gastronomía fomenta la convivencia, especialmente en una época donde cada quien come su chile en silencio frente a una pantalla.

El programa incluye el curso “Crea tu mandil desde cero”, que se impartirá el 5 de septiembre a las 10:00 horas en la terraza de la Autoridad del Centro Histórico, ideal para quienes quieren llegar al restaurante con algo más que servilletas de papel. La clausura se realizará en el Club de Banqueros de México, donde se premiarán las mejores recetas y los primeros lugares recibirán reconocimientos que seguramente caben mejor en la cocina que en la billetera.

Al final, septiembre se reduce a elegir entre sesenta versiones de un mismo platillo, abrir el apetito y fingir que la granada representa algo más profundo que un adorno rojo. Porque en el Centro Histórico, hasta el chile más serio necesita público.

Festival de Calabazas 2026 Convierte Teotihuacán en Reino de Hadas y Mascotas

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El otoño ya huele a magia, calabazas y gente disfrazada como si la realidad hubiera pedido vacaciones. El Pumpkin Fest México regresa los días 7 y 8 de noviembre de 2026 al Club Campestre Teotihuacán, en Edomex, con una propuesta que mezcla rituales, fotos anaranjadas y actividades para quienes creen que las hadas pagan impuestos pero nunca en efectivo.

El evento promete un Bazar Mágico repleto de amuletos, varitas, runas y pócimas que probablemente solo funcionen si las agitas tres veces y cruzas los dedos. La Zona Gastronómica ofrecerá comida temática para recargar antes de las pláticas, conferencias y espectáculos en vivo. Todo incluido con el boleto general, que también permite entrar con mascotas sin costo extra, siempre que tu perro acepte usar capa de mago sin morderla.

En preventa hay promoción 2×1 disponible en la página oficial, ideal para quienes quieren ahorrar y llevar a un amigo que aún no entiende por qué las calabazas son tendencia. Si prefieres quedarte cerca, hay opciones de hotel, aunque la reserva se paga aparte y no incluye entrada al festival ni derecho a quejarte de las hadas que bailan en la pista.

Al final, el verdadero ritual consiste en salir de la rutina, tomar fotos entre tonos otoñales y volver a casa con más amuletos de los que caben en la guantera. Porque en noviembre, hasta las calabazas merecen su fin de semana lejos de la ciudad.

Pato O’Ward Cuelga el Teléfono a la Fórmula 1 por su Amor Verdadero

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Pato O’Ward ha decidido que ya tuvo suficiente de ser el “amigo con derechos” de la Fórmula 1. El piloto mexicano colgará los guantes de reserva en McLaren para casarse formalmente con la IndyCar, donde sí lo dejan correr en lugar de solo mirar desde la banca con cara de póker.

Pero antes de la separación definitiva, hay una última cita incómoda. El 3 de octubre, O’Ward viajará a Grecia, no para consultar al Oráculo de Delfos, sino para un «Showrun» con un monoplaza de 2024. Será su versión de “ten, te devuelvo tu sudadera”. Aclaró que no quiere volver a pisar un paddock de F1, a menos que sea para usar el baño de lujo. Su futuro está en la IndyCar, una categoría donde los pilotos comen con las manos y no discuten sobre el maridaje del vino con el caviar. Él prefiere la gloria tangible al glamour prestado.

Y vaya que su romance con IndyCar va en serio. El regiomontano no solo está “contentísimo”, sino que acaba de convertirse en el mexicano con más victorias en la historia de la categoría, superando al legendario Adrián Fernández con 12 triunfos tras su doblete en Milwaukee. Mientras la F1 se preocupa por los alerones flexibles y los chismes de paddock, Pato está ocupado coleccionando trofeos que sí puede tocar, confirmando que su decisión fue menos una renuncia y más una promoción a la felicidad.

Así que, mientras el bicampeón Mika Häkkinen lo acompaña en su gira de despedida en Atenas, Pato O’Ward se prepara para su verdadera pasión. Dejará atrás el circo europeo para reinar en el coliseo americano, probando que, a veces, el mejor movimiento es cambiar el champán por una cerveza bien fría.

Milei saca a pasear el fantasma de las Malvinas para que no le miren las encuestas

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Con la popularidad más baja que el precio de un calcetín usado y una aprobación que apenas le alcanza para ganar en una junta de vecinos, el presidente Javier Milei ha decidido sacar del baúl de los recuerdos la táctica más vieja de la política: agitar una bandera. Ayer, en cadena nacional, el mandatario aseguró que olfateó en el aire “vientos favorables” para reclamar las Malvinas, una revelación que tuvo mientras, probablemente, buscaba desesperadamente algo en el periódico que no fuera la sección de economía o las encuestas que lo ponen por los suelos.

El optimismo presidencial, más inflado que un globo de feria, se debe a que su colega en el club de los peinados inexplicables, Donald Trump, soltó que podría “revisar” la neutralidad de Estados Unidos. ¡Agárrense! Que dos de los líderes más predecibles que un aguacero en pleno monzón se pongan a “revisar” la geopolítica es como dejar a dos mapaches a cargo de un bote de basura. Milei, con la seriedad de quien anuncia el fin del dulce de leche, declaró que “esta amenaza no es inocua”, refiriéndose al proyecto petrolero Sea Lion, que al parecer le molesta más que un mosquito en la oreja a la hora de la siesta.

Para demostrar que no está jugando, el presidente anunció que va a “endurecer las sanciones” contra las empresas que anden perforando por ahí. Esto se traduce, seguramente, en enviarles cartas con faltas de ortografía, bloquearlos en redes sociales y quizás, en un acto de máxima hostilidad, construir una base naval en Tierra del Fuego. Una base que, conociendo el percal, servirá más para organizar asados con vistas al mar que para intimidar a la Corona británica. La OTAN tiembla, pero de la risa.

Para rematar el disparate, Milei afirmó que los isleños no tienen derecho a la autodeterminación por ser una “población implantada en un territorio usurpado”. O sea, que los kelpers son básicamente como un geranio que un vecino plantó en tu maceta sin pedir permiso. Según esta lógica, no tienen voz ni voto, solo necesitan agua y un poco de sol. Una teoría audaz que seguramente será estudiada por jardineros y politólogos por igual, probablemente con la misma cara de perplejidad.

Mientras tanto, en el mundo real, la desaprobación de Milei supera el 55%. Este arrebato de patriotismo de última hora huele menos a soberanía y más a una cortina de humo tan densa como el escape de un autobús de los años setenta. Es el clásico truco de “¡Miren, un pingüino con sombrero!” para que nadie se fije en que la casa se está incendiando. Un intento desesperado de cambiar de tema antes de que las encuestas lo manden a buscar trabajo como panelista de televisión.

Al canal de Panamá se le secó el coco y ahora los barcos deben hacer fila como en el IMSS

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¡Atención, capitanes de altamar y compradores compulsivos de chucherías chinas! El canal de Panamá, esa zanja glorificada que le ahorra a los barcos la molestia de darle la vuelta al continente, está más seco que la boca de un testigo falso. Resulta que el fenómeno de El Niño, que suena a un primo latoso que se bebe todo en la fiesta, ha dejado los lagos del canal con menos agua que un discurso de político. Así que, por segunda vez en su ilustre historia, la vía acuática ha decidido ponerse a dieta y restringir el paso, creando un cuello de botella que hará que el tráfico de la Ciudad de México a las seis de la tarde parezca un paseo por el campo.

La cosa está que arde, o más bien, que no moja. La Autoridad del Canal de Panamá (ACP) ha sacado el cinturón de castidad hídrico y ha empezado a reducir el número de barcos que pueden cruzar, de 36 a unos tristes 32. Pero eso no es todo: también les han pedido a los buques que «metan la panza», reduciendo el calado permitido. Es como si el portero de la discoteca no solo limitara el aforo, sino que además te pidiera que adelgaces antes de entrar. Todo esto porque las lluvias brillan por su ausencia y los lagos artificiales que alimentan las esclusas (esos ingeniosos elevadores para barcos gordos) parecen charcos de banqueta. Cada barco se traga 200 millones de litros de agua dulce que terminan en el mar, un despilfarro que ahora mismo duele más que pisar un Lego descalzo.

Las consecuencias de esta sequía son más enredadas que los cables de unos audífonos viejos. Los pronósticos dicen que la cosa se pondrá peor, con restricciones que podrían ser tan severas como las de 2023, cuando las filas de barcos eran más largas que un capítulo de telenovela turca. Para los mortales de a pie, esto se traduce en que los productos que vienen de Asia tardarán más y costarán un ojo de la cara. Un exjefe del canal advirtió que «si no logramos llenar los lagos, tenemos que amarrarnos los cinturones», una frase que suena a que pronto veremos a los marineros empujando los buques. Por cada 30 centímetros que baja el nivel, un barco deja de cargar unos 200 contenedores, lo que para la naviera es una patada directa en las finanzas.

Mientras tanto, los genios a cargo ya tienen una solución brillante: construir un nuevo embalse. El único detallito es que no estará listo antes de 2031. ¡Magnífica planificación! Es como si se te incendiara la casa y los bomberos te dijeran que llegarán en siete años. Mientras tanto, la cuenca del canal no solo tiene que saciar la sed de los barcos, sino también la de la mitad de la población de Panamá. La situación es tan crítica que hasta Donald Trump podría usarla de excusa para decir que el canal «ya no es fiable» y proponer construir uno nuevo, más grande y con casinos. En resumen, una de las arterias más vitales del comercio mundial tiene un tapón y el remedio llegará cuando ya todos nos movamos en autos voladores. ¡Sálvese quien pueda

Milei saca el garrote y amenaza a petroleras con más multas que un mal conductor

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¡Atención, marineros de agua dulce y especuladores de oficina! El capitán del barco argentino, Javier «El Peluca» Milei, ha decidido que ya estuvo bueno de que le anden picoteando el tesoro. Con el ceño más fruncido que un jubilado mirando su recibo de la luz, anunció que va a poner en cintura a las empresas petroleras que se hacen las coquetas cerca de las Malvinas, esas islitas que son más disputadas que el último trozo de pizza en una fiesta.

El plan es más directo que patada de mula: un decreto para acelerar las sanciones, como cuando tu madre te castigaba antes de que pudieras siquiera decir «no fui yo». Y para que quede claro que no está jugando a la casita robada, enviará al Congreso un proyecto de ley con castigos más duros que pan de hace tres semanas. «¡Nuestra causa nacional enfrenta un peligro urgente!», exclamó, probablemente mientras practicaba su cara de malo frente al espejo, refiriéndose a unas empresas con nombres de banda de rock alternativo: Rockhopper y Navitas.

«¡Las islas son nuestras y nos las arrebataron!», gritó con el fervor de quien descubre que el vecino le está robando el wifi. Para rematar el numerito, anunció que construirá una base naval en Tierra del Fuego. Los detalles son escasos, pero la imaginación vuela: ¿será una fortaleza imponente o un puestito de vigilancia con un telescopio y un cartel que diga «Fuera, piratas»? La idea es vigilar la zona con la misma intensidad con la que tu tía vigila quién llega tarde a la cena de Navidad.

Así que ya lo saben, empresarios del crudo: si se acercan a las Malvinas, prepárense para recibir una multa más grande que el ego de un político en campaña. Mientras tanto, en Londres probablemente siguen tomando el té de las cinco, preguntándose quién es ese señor tan gritón del sur. El culebrón por el control remoto del Atlántico Sur promete más episodios que cualquier serie turca de moda.

Presidente chileno quiere activar el ‘modo dictador’ y la gente lo celebra con un festival de agua y gases

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Santiago se convirtió ayer en el balneario urbano más beligerante del mundo, donde cientos de ciudadanos recibieron una terapia de choque gratuita cortesía de la policía. El tratamiento incluyó un refrescante hidromasaje con chorros de agua a presión y una sesión de aromaterapia intensiva a base de gases lacrimógenos, de esos que te hacen llorar más que cuando te das cuenta de lo que debes en la tarjeta de crédito. Todo para protestar contra el nuevo «kit de seguridad» del presidente José Antonio Kast, un paquete de reformas que, según los manifestantes, tiene más letra pequeña que un contrato de telefonía móvil.

El menú de delicias autoritarias que propone Kast incluye la creación de un nuevo estado de excepción, básicamente un permiso para que el presidente pueda jugar a ser el rey del castillo durante ocho meses sin pedirle permiso al Congreso. Con este nuevo superpoder, podría restringir libertades como si fueran carbohidratos en una dieta, interceptar comunicaciones como si fuera tu pareja tóxica revisándote el celular y, en general, poner al país en «Modo Papá Enojado Nivel Dios». La gente, en un arrebato de nostalgia ochentera, le gritaba «¡Igual que Pinochet!», demostrando que en Chile algunos clásicos nunca pasan de moda.

La excusa para desempolvar el manual del buen autócrata es, cómo no, el crimen organizado. Aparentemente, Chile pasó de ser el oasis de Latinoamérica a un episodio de «Narcos» de bajo presupuesto, con la llegada de bandas como el Tren de Aragua. La tasa de homicidios se duplicó, un crecimiento exponencial que ya quisieran muchas empresas emergentes. Según el gobierno, la única solución es darle al presidente un botón rojo gigante que ponga al país en pausa, una idea que ha hecho que hasta en Human Rights Watch se les atragante el café.

Y como si el guion no estuviera lo suficientemente loco, en medio del caos, Kast se juntó con su colega argentino, Javier Milei, para hablar de sus cosas. Mientras en las calles se repartían manguerazos y gases, ellos estaban en una oficina discutiendo sobre las Islas Malvinas, como dos señores que se ponen a debatir las reglas del parchís mientras la casa se incendia. Ambos líderes, que comparten su amor por el libre mercado y su fobia a la inmigración ilegal, reafirmaron su amistad, probablemente planeando su próximo club de lectura sobre manuales de economía y control social.

Donald Trump, el vecino que nadie pidió, le lee la cartilla al Reino Unido

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En un episodio más de «Opiniones que nadie solicitó pero que igual te vas a tragar», el expresidente de Estados Unidos, Donald Trump, decidió que su verdadera vocación es ser el crítico de cabecera de la política británica. En una entrevista con GB News, un canal que suena a primo lejano de la BBC, Trump sacó su bola de cristal y diagnosticó que el Reino Unido está «al borde del desastre», como si fuera el Titanic y él el único que ve el iceberg.

Según el oráculo de Mar-a-Lago, los británicos tienen problemas más grandes que decidir si le ponen leche al té antes o después. Se quejó amargamente de los precios de la energía, que al parecer son más caros que un asiento en primera fila para ver el fin del mundo. También despotricó contra esa manía del «cero emisiones netas» y, por supuesto, contra la inmigración masiva, que según él está convirtiendo la isla en una especie de festival internacional sin pulsera de acceso. «¡Su país está en apuros!», exclamó, con el tono de quien descubre que se le acabó el papel higiénico en el peor momento.

Fiel a su estilo, que es una mezcla entre un abrazo de oso y una puñalada trapera, Trump aclaró que adora al rey Carlos y que ama al Reino Unido, pero que su gobierno, liderado por un tal Andy Burnham, es un desastre andante. Es el equivalente a decirle a tu amigo: «Me caes genial, pero tu pareja es un inepto y tu casa huele raro». Insistió en que la solución a la crisis energética es tan sencilla como dejar de jugar a los ecologistas y empezar a perforar el Mar del Norte como si no hubiera un mañana, porque para él, el cambio climático es un cuento chino más elaborado que el menú de un restaurante de fusión.

Sobre la inmigración, fue aún más sutil: «Si no se detiene la afluencia de gente… no te quedará país». Básicamente, advirtió que si no ponen un portero de discoteca en la frontera, el Reino Unido terminará pareciendo el metro en hora pico un lunes por la mañana. Mientras tanto, el gobierno británico jura y perjura que ya casi tienen el problema de las pateras controlado, una afirmación tan creíble como la de alguien que promete empezar la dieta «el próximo lunes». Todo esto, para deleite de su colega ideológico, Nigel Farage, que probablemente escuchaba la entrevista mientras se frotaba las manos con regocijo.

Dinamarca y sus colegas inauguran la agencia de viajes ‘Te Mandamos a la Porra S.A.’

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¡Atención, viajeros despistados y turistas sin reserva! Dinamarca, en un arranque de generosidad que haría llorar a un funcionario de aduanas, anunció que está a punto de lanzar el paquete turístico definitivo para migrantes sin papeles: unas vacaciones permanentes y obligatorias fuera de la Unión Europea. El plan, digno de un villano de caricatura con un mapa mundi y dardos, es crear un «centro de retorno» que suena menos a un lugar de ayuda y más al hotel del que nunca puedes hacer el registro de salida.

El ministro de Inmigración, Morten Bodskov, se juntó con sus colegas de Alemania, Austria, Países Bajos y Grecia, formando el supergrupo de la burocracia conocido como «el club de los cinco echadores». En una cumbre más secreta que la receta de la Coca-Cola, están afinando los detalles para convencer a algún país incauto de ser el anfitrión de este campamento de verano para adultos. «Estamos más cerca que nunca», declaró Bodskov, probablemente mientras medía el espacio en los aviones de carga. «Para finales del próximo año, esperamos enviar a los primeros afortunados ganadores de este viaje sin retorno». Lo que no dijo es a dónde, porque al parecer, todavía están buscando en Google Maps un lugar que acepte su generosa oferta.

Por supuesto, no todos están aplaudiendo esta brillante idea de externalizar los problemas. El Parlamento Europeo, en un momento de lucidez, aprobó la reforma, pero el Consejo de Europa (que son como los aguafiestas de los derechos humanos) levantó la ceja y advirtió que estos «resorts» podrían tener un servicio al cliente un poco agresivo. Señalan «riesgos considerables», como malos tratos y detenciones arbitrarias, que en el lenguaje turístico se traduciría como «actividades de aventura extremas» y un «programa de lealtad con barrotes».

Así que, mientras Dinamarca y su pandilla preparan los folletos de su nuevo y emocionante destino, el resto del mundo se pregunta si el paquete «todo incluido» incluirá también un abogado. La Unión Europea, siempre innovadora, ha pasado de exportar quesos y coches a exportar gente. ¡Qué nivel de eficiencia! Ahora solo falta que le pongan un nombre pegadizo, como «El Gran Escape Involuntario» o «Supervivientes: Edición Burocrática».