De archienemigo a mejor amigo: Estados Unidos se alía con el mago de las finanzas dudosas para un chapuzón petrolero

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Si creías que tu relación con tu ex era complicada, espera a ver el nuevo romance entre Estados Unidos y un multimillonario venezolano que hasta ayer estaba en la lista de «chicos malos» del Tío Sam. Resulta que Alejandro Betancourt, un sujeto al que le seguían la pista por presuntamente haberle metido la mano a la lata de galletas de la petrolera estatal PDVSA, ahora es el socio VIP de Washington en un acuerdo que huele a telenovela de las nueve. Es como si el coyote, después de mil intentos fallidos, de repente se hiciera el mejor amigo del Correcaminos para abrir un negocio de envíos urgentes.

En un giro de guion más inesperado que el final de una serie de culto, la administración Trump, antes de empacar sus corbatas, negoció un pacto petrolero a largo plazo con Venezuela, y el casamentero fue nada menos que Betancourt. Ahora, el Pentágono tiene una participación del 35% en la empresa del susodicho, y el Departamento de Estado puede comprar petróleo venezolano a precio de «llévelo, llévelo, que se acaba». Básicamente, Estados Unidos se quedó con la custodia compartida de las reservas de crudo, y Betancourt es el abogado que se llevó la mejor parte.

¿Y cómo pasó este Houdini de las finanzas de ser investigado a ser el invitado de honor? Pues, según el chismorreo de pasillo, Betancourt le cantó todo a los gringos como un mariachi despechado, soltando información clave que ayudó a la captura del expresidente Nicolás Maduro. ¡Zas! De pronto, todas esas investigaciones por lavado de dinero se volvieron tan relevantes como un beeper en la era del 5G. Un funcionario estadounidense, hablando bajito para que no lo oyeran, dijo que esos problemitas legales eran «de hace casi una década» y que ahora Betancourt está más limpio que una patena. Claro, porque los delitos, como el yogur, tienen fecha de caducidad.

Este personaje pertenece al selecto club de los «Bolichicos», una especie de «boy band» de los negocios turbios que floreció cuando Hugo Chávez cantaba «¡Exprópiese!». Su empresa se hizo de oro construyendo centrales eléctricas que funcionaban menos que un político en lunes por la mañana. Pero no pasa nada, porque ahora es el intermediario estrella, paseándose por el palacio de Miraflores como Pedro por su casa y ayudando a reactivar la economía venezolana… para sus nuevos socios, claro.

La cosa se pone tan ridícula que hasta los fiscales de Florida, que le traían ganas, tuvieron que guardar sus carpetas en un cajón. Al parecer, recibieron una llamada de «arriba» diciéndoles que dejaran de molestar al nuevo mejor amigo de la nación. Incluso le dieron un toquecito a Suiza para que le bajaran dos rayitas a su propia investigación. Mientras tanto, en varios países, los expedientes contra Betancourt acumulan más polvo que una colección de enciclopedias.

Así que, la próxima vez que llenes el tanque, recuerda esta hermosa historia de redención. Una fábula moderna que nos enseña que en el mundo de la geopolítica y los negocios, no hay amigos ni enemigos, solo intereses. Y que si tienes los contactos adecuados, tus pecados no solo se perdonan, sino que hasta te dan una medalla y las llaves de la refinería. ¡Qué bonita es la diplomacia cuando huele a petróleo

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