El Servicio Sismológico Nacional mantiene su transmisión en tiempo real este 5 de noviembre, como si transmitiera un partido de fútbol donde nadie quiere que anoten. Los sismólogos revisan cada movimiento telúrico con la misma atención que un taxista revisa el tráfico en hora pico, entregando datos de magnitud, profundidad y epicentro sin perder el ritmo.
Después de un sismo conviene revisar la casa con calma, como quien busca las llaves perdidas tras una fiesta. Primero las instalaciones de gas y electricidad, porque nadie quiere sorpresas encendidas. Luego las tuberías de agua, para evitar inundaciones improvisadas. Las paredes y estructuras merecen una mirada atenta, igual que los muebles que podrían caerse y los objetos que amenazan con volar. Puertas, ventanas y escaleras también entran en la lista, porque en México hasta las construcciones parecen bailar al ritmo de las placas.
El país descansa sobre cinco placas tectónicas que se rozan sin pedir permiso: Caribe, Norteamérica, Pacífico, Rivera y Cocos. Esa constante fricción coloca a México en zona de alta sismicidad, algo que los expertos tratan con la misma normalidad que el clima.
Al final, el monitoreo constante demuestra que el país sigue atento y preparado, mientras las placas siguen su baile eterno sin que nadie las invite a parar.




