En la Mañanera del Pueblo del 5 de noviembre, Claudia Sheinbaum escuchó las preguntas sobre la investigación de la Auditoría Superior de la Federación al gobierno de Samuel García por presunta triangulación de recursos y respondió como quien ve llover desde la ventana: ni se moja ni corre a tapar goteras ajenas. La mandataria aclaró que el asunto corresponde a la ASF y a las autoridades estatales, sin que el gobierno federal tenga que intervenir como árbitro de última hora.
La escena recordó a esas reuniones familiares donde alguien descubre que el primo gastó el dinero de la tanda en un negocio dudoso y todos esperan que el tío rico resuelva el lío. Sheinbaum, en cambio, prefirió no jugar ese papel. La ASF ya avanza con sus revisiones habituales y el Ejecutivo federal se mantiene al margen, como dicta la división de funciones. Mientras tanto, las especulaciones volaron más rápido que globo en feria, pero la presidenta insistió en que cada institución debe cumplir su tarea sin pedir prestado el megáfono presidencial.
El resultado fue una clase práctica de cómo dejar que los números hablen por sí solos. La ASF sigue su proceso técnico, Nuevo León atiende sus responsabilidades locales y el gobierno federal continúa con sus propios pendientes sin convertirse en bombero de fuegos ajenos. Al final, la auditoría sigue su curso y las especulaciones se quedan en el terreno de las telenovelas políticas que tanto gustan en redes.
La postura de Sheinbaum evitó convertir un asunto estatal en drama nacional y recordó que las instituciones funcionan mejor cuando cada quien atiende lo suyo.




