Peña renuncia a la presidencia de Paraguay para que no lo dejen en calzoncillos

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Santiago Peña tiró la toalla como quien deja el tereré a medio terminar cuando ve que la suegra llega de sorpresa. El ex mandatario soltó un videíto en X diciendo que lo hacía por la estabilidad del país, la paz social y para que nadie le meta las manos en los bolsillos de los paraguayos. Lo que no contó es que tres millones de ahorristas ya se quedaron sin poder sacar ni un guaraní del Ueno Bank, esa entidad que administraba entre 800 y 850 millones de dólares del Estado.

El golpe de gracia se lo dio Horacio Cartes, el jefe del Partido Colorado, que anunció que sus correligionarios apoyarían el juicio político. Peña, que pensaba que era intocable, se encontró de repente con que sus propios compañeros le preparaban el mismo guiso que le sirvieron a Fernando Lugo en 2012, pero con más condimentos.

En el Congreso la cosa se puso digna de una comedia de enredos. Los diputados oficialistas se levantaron y se fueron a tomar café justo cuando había que votar el quórum. La oposición gritaba que la renuncia no servía de nada y que el juicio político seguía su curso. Una senadora amenazó con convertirlo en “senador vitalicio con fueros” si aceptaban la dimisión, mientras otra exigía que le quitaran hasta el derecho de usar sombrero en el Senado.

La Fiscalía, por si fuera poco, abrió una investigación penal por las andanzas en el Ueno Bank. El fiscal general ya tiene tres agentes revisando facturas y transferencias como si buscaran el tesoro de los piratas. Miguel Vásquez, uno de los fundadores del banco, ya está con prisión preventiva, lo que confirma que el asunto no era solo un malentendido con los números.

Mientras tanto, los jugadores de la selección paraguaya salieron a pedir justicia con la misma cara de pocos amigos que ponen cuando pierden un clásico. Dijeron que lo importante es la gente trabajadora que perdió los ahorros de toda la vida, no sus propios contratos millonarios. Los manifestantes frente al Congreso, por su parte, parecían más concentrados que en un partido de la Albirroja.

Al final, Peña se va, Pedro Alliana sube y Antonio Barrios ya se frota las manos pensando en la vicepresidencia. El país queda con la misma sensación que después de un asado mal hecho: todo el mundo hablando de quién pagó la carne, pero nadie dispuesto a lavar los platos.

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