Santiago Peña decidió que ya era suficiente y largó la renuncia en un video grabado como si estuviera despidiéndose de la selección después de un penal errado. El motivo: el Ueno Bank cerró las puertas y dejó congelados los ahorros de casi toda la población, incluidos los fondos del Estado. El tipo se fue pensando en la estabilidad del país, la paz social y en no terminar como el chivo expiatorio de un partido que de repente lo mandó al muere.
El Congreso, con el visto bueno del propio Partido Colorado y la bendición de Horacio Cartes, armó un juicio político express. Peña tendrá que presentarse este viernes a defenderse, aunque parece más bien un trámite para que el vicepresidente Alliana agarre el mando y el ex presidente se quede con fueros de senador vitalicio. Mientras tanto, el Banco Central empezó a pagar las garantías, pero solo a los que tengan hasta 10 millones de guaraníes y no estén en la lista negra. Los demás pueden seguir haciendo fila como quien espera el bondi en hora pico.
Bolivia mandó un mensaje de apoyo pidiendo respeto a la Constitución, Panamá también salió a defenderlo y la oposición gritó que “por mucho menos destituyeron a Lugo”. En las calles la gente se junta frente al Congreso pidiendo que no lo dejen escapar con inmunidad. Hasta los jugadores de la selección paraguaya soltaron un comunicado exigiendo justicia y recordando que “ser paraguayo no es solo ponerse la camiseta”.
En resumen, un presidente que renuncia, un banco que se derrumba, un partido que cambia de chaqueta y tres millones de ahorristas mirando cómo sus pesos se convierten en promesas. Todo muy institucional, muy democrático y con el mismo olor a chamusquina que cuando el asado se quema y nadie quiere hacerse cargo.



