La presidenta Claudia Sheinbaum confirmó que volará a Shenzhen para encontrarse con el mandatario chino Xi Jinping durante la cumbre APEC los días 18 y 19 de noviembre. El viaje empieza en la madrugada del 15 y termina el 20, lo suficiente para que el jet lag se convierta en un invitado incómodo. También mencionó que intentará un encuentro con Donald Trump si este aparece por la reunión.
Sheinbaum aclaró que las pláticas con Xi Jinping contarán con secretarios de ambos gobiernos y que aún no hay certeza de la presencia de Trump. Si el estadounidense llega, ella quiere charlar con él, aunque el tiempo disponible dependerá de su agenda. El tono suena a quien planea una cita doble sin saber si el segundo invitado cancelará a último minuto.
Además de las reuniones bilaterales, la mandataria recibirá la estafeta para organizar la cumbre de 2028 con sede en México. Será su primera vez en una cumbre APEC, ya que el último mandatario mexicano en asistir fue Andrés Manuel López Obrador en 2023. Recoger el testigo en Asia suena a herencia familiar que nadie pidió pero que toca aceptar.
El encuentro ocurre mientras Estados Unidos presiona para que México frene la entrada de mercancías chinas que luego cruzan la frontera. México ya impuso aranceles a países sin tratado de libre comercio, entre ellos China, pero las importaciones asiáticas siguen rompiendo récords. Es como ponerle candado a la puerta y descubrir que la ventana sigue abierta de par en par.
Al final, la diplomacia parece una partida de póker donde todos fingen tener buenas cartas mientras esperan que el otro se levante de la mesa primero. Sheinbaum viaja con la tarea de mantener el equilibrio entre dos potencias que prefieren hablar a través de aranceles antes que mirarse a los ojos. El resultado dependerá de quién llegue primero al salón y de cuánto café resista el jet lag.




