Pedro Alliana, el vicepresidente que ahora manda en Paraguay, empezó su mandato como quien llega a una asado y descubre que la carne se quemó por culpa de los cocineros. En vez de disfrutar el poder, se metió de lleno a apagar el incendio provocado por los directivos de ueno bank y los del banco central que miraron para otro lado mientras tres millones de clientes perdían hasta el mate.
Una fuente oficial que lo acompañó todo el día soltó sin filtro que Alliana está sacrificando su futuro político para que el país no se hunda. Olvídate de las elecciones del dos mil veintiocho: el tipo ya no podrá presentarse. Es como si te eligieran capitán del equipo justo cuando el estadio se está cayendo a pedazos y te dicen que no podrás jugar la final.
Se esperan cambios de gabinete tan grandes que hasta los colorados más duros tuvieron que sentarse a negociar. Alliana mantiene la misma línea exterior que Peña: lazos firmes con estados unidos, israel y taiwán, y el famoso escudo de las américas sigue intacto como un amuleto que nadie se atreve a tocar.
Peña renunció por video en equis justo antes de que el congreso lo mandara a juicio político. Dijo que lo hace por la estabilidad y la paz social, pero todos saben que horacio cartes le dio el empujón final como quien apaga la luz en una fiesta que ya se puso incómoda. Alliana ahora evalúa si viaja a washington o si habla con donald trump por videollamada, mientras suspende el viaje a taiwán hasta que el país deje de parecer un capítulo de telenovela mal escrita.




