El buque Danstar provoca un escándalo diplomático digno de una telenovela argentina

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La llegada del carguero chileno Danstar a las Malvinas con repuestos y provisiones ha desatado una pelea tan ridícula como ver a dos vecinos discutiendo por quién riega la planta del pasillo. Mientras Santiago y Buenos Aires intentan bajarle el tono al asunto, una diputada argentina presentó un proyecto para incautar cualquier barco que se acerque al archipiélago, como si fuera un paquete de facturas olvidadas en la heladera.

Los parlamentarios chilenos pidieron explicaciones a la Cancillería y el diputado Nelson Venegas exigió un canciller con más carácter que un portero de estadio en final de Copa Libertadores. Según él, hay que hablar claro con el vecino sin dejar que sigan avanzando como si tuvieran pase libre para decidir quién comercia con Punta Arenas.

Los especialistas en derecho internacional recordaron que el paso inocente está protegido por la Convemar, algo que una ley interna argentina no puede borrar con la misma facilidad con que se borra un mensaje borracho de WhatsApp. En la práctica, Buenos Aires no puede detener al Danstar aunque le duela más que perder un clásico por penales.

Desde Punta Arenas, el alcalde Claudio Radonich defendió el derecho de los magallánicos a vender hasta el último tornillo a quien les pague, recordando que las Malvinas mueven unos veinte millones de dólares al año. El Danstar, de la empresa Easter Island Logistics, planea retomar en diciembre la ruta que se cortó en 2011, usando el estrecho de Magallanes y el famoso paso inocente, sin pasar por el mar de Drake ni por la aduana de los enojos.

Al final, todo parece una discusión de hermanos que pelean por el control remoto pero terminan viendo el mismo partido sentados en el mismo sillón.

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