Trump vende un acuerdo petrolero con Venezuela que tiene más humo que una parrillada

Must read

Donald Trump, en su mejor papel de vendedor de remedios milagrosos, ha sacado de la chistera un acuerdo petrolero con Venezuela que, según él, solucionará todos nuestros problemas. Promete gasolina más barata y reservas estratégicas llenas, un sueño húmedo para cualquier votante a pocos meses de las elecciones. La jugada maestra nació, según los chismosos, de su frustración porque las petroleras de verdad, como ExxonMobil y ConocoPhillips, no se movían lo suficientemente rápido para su gusto.

El único detallito, una minucia sin importancia, es que nadie sabe de dónde saldrán los 100.000 millones de dólares necesarios para la fiesta. La Casa Blanca asegura que no saldrán de los bolsillos de los contribuyentes, lo cual es un alivio. El socio privado en esta aventura, una empresa llamada North American Blue Energy Partners, parece tener el capital de un puesto de limonada en comparación con la millonada que se necesita. Es como planear la construcción de un rascacielos con el presupuesto de una casita para perros.

Este plan sin fisuras ya tiene a los expertos, como Francisco Monaldi de la Universidad Rice, arqueando una ceja y preguntando «¿y de qué contrato estamos hablando?». La mayoría de esas supuestas reservas de 65.000 millones de barriles ni siquiera están debidamente probadas, lo que equivale a vender un billete de lotería que podría estar premiado, o no. La prisa, por supuesto, tiene nombre y apellido: elecciones de noviembre. Es un truco de magia perfecto para presumir ahora, aunque la gasolina siga por las nubes durante años.

La cruda realidad, esa aguafiestas, es que levantar la producción petrolera en Venezuela es más lento que una conexión a internet de los noventa. Los 17 yacimientos incluidos en el acuerdo necesitan miles de millones en reparaciones y tienen una infraestructura más precaria que un castillo de naipes. Los expertos calculan que las obras podrían extenderse mucho más allá del mandato de Trump, que finaliza en enero de 2029. Para entonces, la promesa de gasolina barata será un vago recuerdo de campaña.

Mientras tanto, las grandes petroleras, que no son precisamente novatas en esto, miran el acuerdo con la misma confianza con la que uno miraría un sándwich de procedencia dudosa. El riesgo político es un volcán a punto de estallar: ¿qué pasará si cambia el gobierno en EE. UU. o en Venezuela? Las empresas actúan con cautela, recordando viejas historias de expropiaciones. Así que, mientras Trump presenta una victoria épica, la realidad es que el acuerdo tiene más incertidumbres que el final de una telenovela, y el único petróleo que se ve por ahora es el humo que vende la Casa Blanca.

More articles

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí

- Advertisement -spot_img

Latest article