Justo cuando los argentinos pensaban que podían guardar la calculadora por un rato, llega septiembre para recordarles que la paz financiera es un mito urbano. El noveno mes del año trae bajo el brazo una nueva temporada de aumentos en servicios esenciales como transporte, salud y educación, demostrando una vez más que el deporte nacional no es el fútbol, sino hacer malabares para llegar a fin de mes. El presupuesto familiar se prepara para recibir más golpes que un saco de boxeo en un gimnasio de barrio.
El protagonista indiscutido de esta película de terror es el transporte público. Viajar en colectivo en la Ciudad de Buenos Aires subirá un 4,1%, llevando el boleto mínimo a la astronómica cifra de 887,99 pesos, casi lo que antes costaba un almuerzo decente. Pero si tienes la osadía de cruzar la General Paz, la provincia te recibe con un aumento del 4,3%, dejando el pasaje en 1.158,97 pesos. Esa diferencia de 270,98 pesos es el peaje invisible que pagas por cambiar de jurisdicción. Mientras tanto, el subte porteño sube un 4% y el boleto costará 1.753 pesos, un precio que sugiere que los túneles están revestidos en oro.
Por supuesto, la salud y la educación no se quedan atrás en esta carrera de precios. Las empresas de medicina prepaga aplicarán aumentos de entre 1,9% y 3,11%, una inversión en tu bienestar que te provoca un mini infarto cada vez que llega la factura. Los colegios privados también ajustan sus cuotas entre un 2,5% y un 4,2%, porque al parecer, aprender a sumar y restar ahora incluye la lección práctica de cómo restarle varios ceros a la cuenta bancaria de tus padres.
Para que no se sientan excluidos los valientes que todavía usan su vehículo particular, los peajes también se suman a la fiesta con un incremento promedio del 4%. Es el recordatorio mensual de que tener auto en Argentina es un lujo que se paga en cómodas y dolorosas cuotas en cada cabina que cruzas. El sueño de la libertad sobre cuatro ruedas se desvanece un poco más con cada aumento.
Al final del día, todos estos pequeños porcentajes se combinan para formar una tormenta perfecta sobre el ingreso de las familias, que sigue cayendo como si estuviera en caída libre. Los argentinos ya no necesitan un título en economía para administrar sus finanzas, sino uno en magia, escapismo y, sobre todo, buen humor para no llorar. Septiembre recién empieza, y la billetera ya está pidiendo la hora.





