Las EPS de Colombia deben hasta la risa y sus finanzas son un misterio que ni el FBI resolvería

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El sistema de salud de Colombia acaba de revelar que tiene un hueco financiero tan grande que podría tragarse un par de planetas pequeños. Según la Contraloría, las EPS cerraron el 2025 con una deuda de 58 billones de pesos con hospitales y farmacéuticas, un 26,5% más que el año anterior. Esto no es solo un roto en el bolsillo, es un cráter de meteorito que deja en claro que las finanzas del sistema de salud son un chiste de mal gusto.

Para que se hagan una idea del desastre, de las 28 EPS que estaban operando, solo cuatro, sí, CUATRO, cumplieron con todas las reglas financieras. El chiste se cuenta solo cuando te enteras de que estas cuatro juntas representan menos del 2% de los afiliados al sistema. Es como presumir de tener cuatro pelos sanos en una cabeza completamente calva; el resto del panorama es un desierto desolador.

La razón de este apocalipsis financiero es tan simple como absurda: las EPS gastaron más de lo que recibieron. Por cada 100 pesos que les entraron, se gastaron 110, una estrategia de negocios tan brillante como intentar apagar un incendio con gasolina. Diecisiete de las 26 empresas que mostraron sus números terminaron el año con pérdidas, demostrando una habilidad para desaparecer dinero que ya la quisieran los magos de Las Vegas.

Pero el verdadero circo está en la contabilidad de la Nueva EPS, la joya de la corona estatal. Esta entidad, con 11,6 millones de afiliados, no entrega informes financieros desde marzo de 2024. Su excusa es que no han podido cerrar sus cuentas desde diciembre de 2023, lo que en lenguaje mortal significa que no tienen ni la más remota idea de dónde está el dinero. Para colmo, tienen 17 billones de pesos recibidos como anticipos que no han podido justificar, un eufemismo para «se nos perdió un poquito de vuelto».

Como si fuera poco, la deuda con los proveedores de medicamentos se disparó un 33%, lo que amenaza con dejar las farmacias más vacías que una promesa de político. La «solución» del gobierno ha sido intervenir algunas de estas empresas, logrando el asombroso resultado de que empeoren sus números. Las EPS intervenidas gastan 117,8 pesos por cada 100 que reciben, probando que no hay nada tan malo que el gobierno no pueda empeorar.

En resumen, el sistema de salud colombiano es un barco que se hunde con el capitán gritando que todo está bajo control, mientras usa los billetes para tapar las goteras. Con deudas que crecen como la mala hierba y una contabilidad más creativa que un guion de Hollywood, la única pregunta que queda es quién será el último en apagar la luz.

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