La pelea de los repartidores en Brasil: iFood acusa a su rival chino de competencia sucia, pero se le olvidó barrer su propia casa

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En el salvaje mundo del reparto de comida a domicilio en Brasil, se ha desatado una pelea digna de telenovela. La empresa iFood, que hasta hace poco era el rey indiscutido del barrio con un 75% del mercado, ha corrido a llorarle al regulador de la competencia. ¿El motivo de su berrinche? Un nuevo competidor chino llamado Keeta, que llegó a São Paulo con la billetera más gorda que la de un político en campaña y está usando precios artificialmente bajos para robarle la merienda.

La acusación de iFood es que Keeta, respaldada por su multimillonaria empresa matriz Meituan, está regalando el almuerzo para quedarse con todos los clientes. Según ellos, la estrategia de los recién llegados consiste en subsidiar descuentos y ofrecer tarifas a los restaurantes que son más baratas que una imitación de marca en la feria. En palabras de iFood, esto no se trata de quién es mejor, sino de quién tiene más billetes para quemar en descuentos agresivos.

Pero aquí es donde la trama se pone buena, como cuando descubres que el héroe de la película también tiene sus trapitos sucios. Resulta que el propio iFood está siendo investigado por el mismo regulador al que ahora le pide ayuda, por presuntas mañas con contratos de exclusividad con restaurantes. Keeta, ni corta ni perezosa, respondió que la denuncia de iFood es una simple cortina de humo para desviar la atención de sus propios pecadillos.

La estrategia de Keeta no es ningún secreto. Aterrizaron en Brasil con un plan para invertir 1.000 millones de dólares en cinco años, una cantidad de dinero con la que podrían comprar el país entero y todavía les sobraría para el postre. En solo tres meses, ya superaron a otro competidor, Rappi, en usuarios activos, demostrando que llegaron con la chequera abierta y dispuestos a comprar el mercado entero si es necesario.

iFood advierte que este cuento ya lo han visto en otros países como Hong Kong y el Medio Oriente. La historia es siempre la misma: una empresa con bolsillos infinitos llega, regala cupones hasta que la competencia quiebra, y una vez que tiene el monopolio, sube las comisiones a los restaurantes hasta dejarlos sin ganancias. Es la clásica estrategia del «caballo de Troya», pero en lugar de soldados, el caballo está lleno de comida con descuento.

Mientras tanto, el regulador brasileño tiene la tarea de decidir si esto es una competencia feroz o una guerra de carteras donde gana el más rico. Los usuarios en São Paulo, por su parte, disfrutan de los descuentos sin hacer preguntas, aprovechando la guerra de precios para comer barato. Lo que no saben es que, como en toda buena fiesta pagada por otro, la resaca de precios altos podría llegar más temprano que tarde.

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