Huawei intenta venderle tecnología a Egipto y EE.UU. arma un berrinche de proporciones épicas

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En una movida que tiene a Washington buscando pastillas para la ansiedad, el gigante chino Huawei le ha hecho una oferta a Egipto que no se puede rechazar, o al menos eso esperan. La propuesta es construirle al gobierno egipcio unos centros de datos para inteligencia artificial, utilizando poco más de dos mil de sus chips más potentes. Al enterarse, la administración Trump reaccionó como si le hubieran escondido su juguete favorito, y ahora corre por todos lados intentando armar una contraoferta para arruinarle la fiesta a su competidor asiático.

La reacción de Estados Unidos fue digna de una telenovela. Apenas se enteraron de la licitación, el Departamento de Estado empezó a llamar a titanes como Nvidia, AMD y Microsoft para formar un consorcio de emergencia, algo así como armar a los Vengadores a última hora para detener al villano. Para ponerle más drama al asunto, también le recordaron al mundo, y de pasadita a El Cairo, que usar ciertos juguetitos de Huawei sin el permiso de Washington podría terminar con un castigo, demostrando que en la geopolítica, la táctica del «porque yo lo digo» sigue muy vigente.

Lo más sabroso del asunto es lo que Huawei está ofreciendo en su paquete «todo incluido». En colaboración con iFlytek, otra empresa china en la lista negra de EE.UU., el plan no solo contempla procesar datos, sino también un sistema de reconocimiento de vehículos y personas y una «vista panorámica de la ciudad». Básicamente, es un paquete de vigilancia digno de una película de espías, lo que demuestra que la ambición china va más allá de simplemente vender procesadores.

Lo irónico es que la oferta de Huawei, que ha provocado este terremoto diplomático, es por una cantidad bastante modesta de chips. Esos 2,008 procesadores son apenas un puñado en comparación con la potencia que despliegan las grandes empresas de occidente. Sin embargo, para Huawei, conseguir este contrato sería una victoria simbólica enorme, como meter el primer gol en casa del rival. Demostraría que hay vida más allá de Nvidia y que sus chips tienen demanda fuera de China.

En medio de esta pelea de gigantes, Egipto se ha convertido en el niño en medio de un divorcio contencioso. El país, que solo quiere subirse al tren de la inteligencia artificial y que esta represente el 7,7% de su PIB para 2030, ahora tiene que elegir entre la oferta china, que ya está sobre la mesa, o la improvisada promesa estadounidense. Históricamente, las empresas gringas no veían a Egipto como un mercado prioritario, pero la aparición de Huawei ha hecho que de repente se interesen muchísimo.

Así, mientras Washington desempolva un programa de exportaciones que lleva un año sin dar resultados, Huawei repite la estrategia que lo convirtió en un gigante de las telecomunicaciones: empezar con contratos pequeños en mercados no tradicionales. Egipto, por su parte, solo quería comprar tecnología y ha terminado como el protagonista involuntario del último capítulo de la guerra fría tecnológica. Hagan sus apuestas, que esto apenas comienza.

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