Gurú financiero predice que Latinoamérica se hará rica por no estar en guerra y seguir teniendo bebés

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Saquen las matracas y el tequila, porque un estratega financiero con un nombre más largo que un discurso de político, Mario Aguilar De Irmay, ha sacado su bola de cristal para predecir el futuro. Según este oráculo de las finanzas, para 2027 el dinero lloverá sobre Latinoamérica gracias a tres fuerzas cósmicas: la geopolítica, la demografía y que el dinero ya no lo regalan en las esquinas. Prepárense para un futuro tan brillante que necesitarán lentes de sol hasta para dormir.

La primera gran ventaja, y la más graciosa, es que nuestra región se beneficiará por estar lejos de todos los pleitos mundiales. Mientras en otras partes del globo se andan peleando con palos y piedras (y misiles), nosotros estamos en el rincón tranquilo del planeta. Según el experto, «dentro de todo, nuestros gobiernos, nuestros países, se llevan bien». Una afirmación tan optimista que suena a chiste de comediante primerizo, pero que al parecer vale oro en los mercados.

El segundo punto es que el primer mundo se está convirtiendo en un asilo de ancianos con wifi, mientras que en Latinoamérica la gente todavía tiene la energía para reproducirse. Las economías desarrolladas enfrentan un envejecimiento galopante, y en Estados Unidos es tan caro criar a un niño que la cigüeña ya pide pago por adelantado. En cambio, nuestra bendita tierra todavía tiene una población joven, lista para trabajar y, sobre todo, para gastar.

El tercer factor es que se acabó la fiesta del dinero gratis. Con las tasas de interés más altas, los inversores ahora piensan dos veces antes de soltar un centavo, como cuando dudas si pagar por una plataforma de video más. Esto obliga a buscar empresas que de verdad generen ganancias y no solo promesas. Latinoamérica, con sus vastos recursos naturales, se perfila como la tienda de materias primas del futuro, con oportunidades en agricultura, energía y minerales para la electrificación.

El gran desafío, según el analista, es dejar de ser los eternos vendedores de aguacates y cobre para empezar a fabricar el guacamole con totopos de oro y las baterías para los carritos eléctricos. Países como Perú, Argentina y El Salvador suenan como buenas apuestas en deuda, mientras que en acciones, Chile y Brasil podrían dar la campanada. Incluso Bolivia, el eterno «ya merito», podría ser la sorpresa si se pone las pilas con sus minerales.

En resumen, la estrategia para 2027 es simple: ser una región llena de jóvenes, rica en recursos y lo suficientemente aburrida como para que nadie quiera empezar una guerra aquí. Un plan maestro que nos posiciona para recibir carretadas de dinero, siempre y cuando no metamos la pata antes, lo cual, conociéndonos, es una posibilidad bastante real.

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