El mercado de lujo está más deprimido que canción de José José, pero ya hay quien le ve futuro

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Invertir en acciones de lujo se ha vuelto tan popular como pedir piña en la pizza, casi una ofensa para los gurús del mercado. Las marcas europeas de esas que venden bolsos por el precio de un riñón se han hundido hasta un 25% más que el resto del mercado, mostrando más drama que final de telenovela. Aunque han tenido algunos rebotes breves, como cuando encuentras dinero en un pantalón viejo, las acciones siguen más rezagadas que estudiante en examen final.

Pero como en toda buena tragicomedia, aparecen los optimistas de JPMorgan para darle un giro a la historia. Según sus estrategas, justo cuando la confianza del consumidor está por los suelos, es cuando el sector del lujo tiende a recuperarse en los siguientes doce meses. Es una lógica extraña, como decir que el mejor momento para empezar una dieta es después de la cena de Navidad, pero al parecer, tiene sus fundamentos.

A nivel mundial, el panorama es un circo de tres pistas. Los esfuerzos de estímulo en China han tenido menos efecto que un paracetamol en una pierna rota, dejando a todos esperando una recuperación que no llega. Sorprendentemente, el nuevo motor del crecimiento es Corea, cuyas ventas minoristas son tan robustas que ya representan una exposición mayor que todo el Medio Oriente. Parece que el K-Pop y los dramas coreanos inspiran a gastar en grande.

En cuanto a las valoraciones, el sector sigue siendo para valientes y gente con la cartera abultada, cotizando a unas 25 veces sus beneficios futuros. Sin embargo, hay ofertas que ni en el supermercado: LVMH, el gigante de los gigantes, se cotiza con un descuento del 25% frente a sus competidores, convirtiéndose en la opción barata del club de los millonarios. Esto ha provocado que los inversores dejen de diversificar y ahora busquen historias de recuperación específicas.

El dato más curioso es el cambio en los hábitos de consumo de quienes todavía pueden darse estos lujos. Resulta que en tiempos de crisis, la gente prefiere comprarse relojes y collares antes que bolsos y ropa, quizás porque un reloj caro da la hora igual de bien en una crisis que en una bonanza. Esto ha hecho que Pandora y Richemont, dueña de Cartier, sean los niños aplicados de la clase.

Mientras tanto, los gigantes de la moda como LVMH y Hermès han caído un 30% y 27% respectivamente, demostrando que hasta los más grandes pueden tropezar. Según los analistas de Bernstein, la joyería sigue siendo la categoría más atractiva por su poder para fijar precios absurdos. Así que ya sabe, si le sobran unos miles de euros, olvídese de la ropa; al parecer, el futuro está en las baratijas que brillan.

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