El gobierno se pone a dieta fiscal, pero todavía pide prestado para el postre

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Parece que al nuevo gobierno le llegó el estado de cuenta de la tarjeta y decidió, por fin, contratar un plan de celular más barato. En un arranque de sensatez financiera, digno de quien revisa su cartera después de la quincena, la administración de Claudia Sheinbaum anunció que le bajará dos rayitas al endeudamiento para el próximo año. Es el equivalente a decir que en la fiesta solo se tomarán la mitad de la botella, aunque todos sabemos cómo terminan esas promesas.

Para el gasto nacional, la Secretaría de Hacienda le pidió permiso al Congreso para un «pequeño» préstamo de 1 billón 700,000 millones de pesos. Aunque la cifra suena a más ceros de los que vimos en el examen de matemáticas, nos juran que es un 7.5% menos que lo solicitado este año. Es como pedirle al banco un crédito para un Tsuru en lugar de para un auto de lujo; sigues endeudado, pero al menos no presumes tanto en el semáforo.

Y como no hay que dejarle toda la cuenta al prestamista de la colonia, también se solicitará un financiamiento externo de hasta 13,500 millones de dólares. Este movimiento es el clásico «pedirle prestado a la tía de Estados Unidos para pagarle a Coppel». La idea es usar ese dinero para refinanciar deudas viejas, en una maniobra financiera tan compleja como hacer malabares con tres naranjas en llamas.

El meollo del asunto, los famosos Requerimientos Financieros del Sector Público (RFSP), que es el nombre elegante para «todo lo que debemos y necesitamos», se espera que sea del 3.9% del Producto Interno Bruto. Aunque es menos que el 4.1% de este año, la meta original era un más saludable 3.5%, pero parece que alguien se comió un postre que no estaba en el presupuesto. Las agencias calificadoras ya tienen la ceja más levantada que villano de telenovela.

No olvidemos que en 2024 este indicador alcanzó un histórico 5.8% del PIB, un récord que nadie quería romper. Y el año pasado, a pesar de los recortes que dejaron los presupuestos más flacos que cartera en fin de mes, el déficit se disparó al 4.8% porque hubo que seguirle metiendo dinero bueno al malo en Pemex. Así que, aunque el gobierno prometa portarse bien, todos sabemos que siempre hay un amigo gorrón que desequilibra las finanzas.

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