El gobierno jura que ahora sí pondrá a dieta al déficit, pero sin quitarle el postre a Pemex

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¡Atención, damas y caballeros! La nueva administración ha sacado de la chistera su Paquete Económico 2027, un documento tan lleno de optimismo que parece escrito por un motivador personal después de cinco cafés. El plan maestro, presentado por el secretario de Hacienda, Édgar Amador Zamora, promete la hazaña de reducir el déficit fiscal a un manejable 3.9% del PIB. Todo esto, claro, sin tocar ni con el pétalo de una rosa los programas sociales y los proyectos de infraestructura, en un acto de malabarismo financiero que ni el Cirque du Soleil se atrevería a intentar.

Recordemos que este déficit ha sido el fantasma que asusta a las agencias calificadoras, alcanzando un nivel de película de terror del 5.8% en 2024. Ahora, el gobierno nos asegura que con un poco de disciplina y mucha fe, la situación se calmará. Para ello, planean pedir prestado nomás tantito: 1.7 billones de pesos en el mercado local y unos 13,500 millones de dolaritos en el extranjero. Básicamente, es como prometer que vas a dejar de usar la tarjeta de crédito, pero justo después de comprar una pantalla nueva a meses sin intereses.

Pero no se preocupen, que la fiesta del gasto no para. El presupuesto contempla la módica suma de 10.6 billones de pesos para que nadie se quede sin su rebanada del pastel. Según el secretario, se mantendrá la prioridad en el bienestar de la gente y en la inversión, que serán los pilares del crecimiento. Traducido del lenguaje político al español de a pie: habrá dinero para todo, como en kermés de pueblo, con la esperanza de que la economía crezca entre un 1.5% y un 2.5%, si los astros se alinean y todos nos portamos bien.

Y aquí viene la joya de la corona: nuestro querido Petróleos Mexicanos (Pemex), ese pariente que prometió independizarse en 2027 pero que todavía pide para el camión. A pesar de que se esperaba que ya caminara solito, el gobierno le dará una transferencia de 81,103 millones de pesos. Eso sí, es una reducción del 70% respecto al año anterior, lo que equivale a pasarle una mesada más pequeña pero sin quitarle el apoyo por completo. Gracias a esta “ayudadita”, Pemex espera un superávit financiero, que es como decir que ganaste la lotería porque tus papás te compraron el boleto.

¿Y de dónde saldrá tanta lana para financiar este sueño guajiro? Pues de donde siempre: de los impuestos. El plan es apretarles las tuercas a las empresas grandotas que ganan más de 50 millones de pesos para que dejen de hacerse los listos con las deducciones y las pérdidas fiscales. La Secretaría de Hacienda se pondrá su traje de detective para encontrar hasta el último centavo perdido en los laberintos de la contabilidad corporativa.

Así que ahí lo tienen: un plan económico que busca reducir la deuda mientras se gasta a manos llenas y se sigue manteniendo al hijo pródigo del petróleo. Es una estrategia audaz que confía en el crecimiento, la buena voluntad de los contribuyentes y, probablemente, en un par de milagros. Habrá que ver si esta vez el truco de magia funciona o si el conejo se come el sombrero del mago.

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