En el último episodio de la telenovela económica mundial, el dólar estadounidense decidió que ya estaba harto de ser el popular de la clase y se fue de bruces, acercándose a su nivel más bajo en casi siete meses. Al parecer, la divisa se sintió intimidada después de que el mandamás del Tesoro, Scott Bessent, saliera a la tarima, se ajustara el cinturón y retara a los especuladores a un duelo de miradas para ver quién parpadeaba primero. El pobre billete verde no aguantó la presión y tropezó como extra en película de acción.
El señor Bessent, en un arranque de sinceridad que ya quisieran muchos en su primera cita, básicamente dijo: «ahora soy yo quien lleva las riendas». Con esa frase, le dejó claro al mundo financiero que él es el que parte el queso y que si se mete con el yen japonés, más vale que los demás sepan que él tiene línea directa con los que mueven los hilos en Japón. Esto, traducido del lenguaje financiero al español de a pie, significa que se acabaron los juegos y que el que apueste contra él, mejor que tenga un buen colchón para la caída.
Para añadirle más drama al asunto, el Departamento del Tesoro anunció que recompraría bonos por unos modestos 6.000 millones de dólares, una cifra que al mercado le pareció tan pequeña como el sueldo de fin de mes. Según un tal Alex Cohen, un estratega que seguramente sabe más de esto que nosotros, el mercado esperaba un despilfarro mayor. Esta jugada fue como amagar con un derechazo y terminar dando un pellizco, dejando a todos confundidos pero un poco más tranquilos.
Como si la economía fuera un sube y baja en el parque, los bonos del Tesoro se fueron para abajo después del anuncio, con el rendimiento del bono a 10 años subiendo hasta el 4,84%. Los operadores, que viven con más nervios que un estudiante antes de un examen final, ahora están esperando los datos de la inflación que se publican el viernes. Es como esperar el resultado del VAR para ver si fue penalti o si seguimos jugando como si nada.
Mientras tanto, los mercados apuestan con un 60% de probabilidad a que el banco central de allá subirá las tasas de interés, lo que sería el equivalente a echarle más picante a la sopa para ver quién aguanta. Los expertos dicen que el dólar podría recuperar algo de terreno frente al euro y la libra, porque en Europa tienen el problema de que la energía está más cara que un aguacate en el polo norte. El petróleo Brent, para no quedarse atrás, ya tocó los 100 dólares por barril.
En resumen, mientras Bessent juega a ser el matón del barrio financiero y el dólar se toma unas vacaciones no remuneradas, el resto del mundo busca monedas hasta debajo del sofá para pagar la gasolina. ¡Qué divertido es ser adulto



