El gobierno de Corea del Sur, bajo el mando del presidente Lee Jae Myung, ha decidido que la mejor forma de empezar el 2027 es con una resaca financiera de proporciones épicas. El plan es emitir la friolera de 222,8 billones de wones (unos 162.700 millones de dólares) en bonos, una cifra casi récord que demuestra que la austeridad es un concepto que solo aplican cuando se trata de repartir el postre en las cenas de estado. Esta agenda fiscal expansionista es el equivalente a que un país entero se compre un yate con la tarjeta de crédito.
De esa montaña de dinero, la mayor parte, unos 110,7 billones de wones, se usará para pagar deudas que ya se están acumulando, lo que es como usar la tarjeta de Visa para pagar la de Mastercard. El resto es para nuevos gastos dentro de un presupuesto que aumentará un 12,8%, hasta los 820,9 billones de wones. Esta estrategia de financiar un gasto récord con más deuda tiene a los economistas locales buscando pastillas para la migraña y rezando a todos los santos de las finanzas.
Los operadores de bonos, esa gente que normalmente tiene el pulso de un cirujano, están más nerviosos que un gato en una habitación llena de mecedoras. Un estratega de NH Investment & Securities, Kang Seungwon, admitió que una cifra así resultaría «incómoda», que es la forma educada de decir que están al borde de un ataque de pánico. Como resultado, los rendimientos de los bonos se dispararon, con el de tres años subiendo al 3,9% y el de diez años al 4,4%, una clara señal de que el mercado no se está tragando este cuento con final feliz.
Y aquí viene la mejor parte de este circo financiero, la que demuestra que la lógica a veces se toma vacaciones. Uno pensaría que con el dineral extra que les entró gracias al auge mundial de los chips para inteligencia artificial, el gobierno aprovecharía para pagar deudas. Pero no. En un giro de guion maestro, anunciaron que usarán esos ingresos adicionales para crear un fondo destinado a invertir en… ¡más inteligencia artificial! Es como ganar la lotería y usar el premio para comprar más boletos.
Un analista de Nomura intentó ver el vaso medio lleno, diciendo que la noticia alivia «en parte los temores» porque la reducción de la emisión, aunque minúscula, «es positiva en términos marginales». ¡Claro! Endeudarse por solo 162.700 millones de dólares es un alivio cuando temías que fueran a pedir el doble. Por suerte, todo este plan de fiesta y derroche debe ser aprobado por el Parlamento, que en el pasado ya ha jugado el papel de padre responsable y ha recortado los presupuestos. Crucemos los dedos para que alguien esconda la chequera antes de que el agujero sea más grande.





