Rusia monta un drama porque Japón trae misiles yanquis a su patio

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Vaya, vaya. Resulta que a Moscú le ha entrado un ataque de celos geopolíticos digno de suegra en boda ajena. Este martes Rusia salió con cara de pocos amigos a condenar las próximas maniobras militares entre Japón, Australia y Estados Unidos, esas en las que van a sacar a pasear los lanzamisiles Typhon como quien lleva el equipo de sonido más escandaloso al cumpleaños del vecino.

Las maniobras, bautizadas con el nombre tan poético de “Orient Shield” (porque “Escudo del Oriente” suena menos a videojuego de los ochenta), se celebrarán del 8 al 24 de septiembre en territorio japonés. Van a juntar a 3.700 efectivos de los tres países, lo que las convierte en las más grandotas de este tipo hasta la fecha. Y, por si fuera poco, estrenarán en sociedad los famosos sistemas Typhon estadounidenses, esos que lanzan misiles de crucero SM-6 y Tomahawk como si fueran confeti de fiesta patriótica. Nada dice “paz mundial” como llegar con artillería de medio alcance a la puerta de al lado.

María Zajárova, la portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores ruso que nunca pierde la oportunidad de poner cara de “yo te lo advertí”, soltó la bronca desde Vladivostok. Dijo que Rusia desea que Japón vuelva a su época de política pacifista (o sea, a quedarse quietecito en su rincón) y que le preocupa muchísimo que estos juegos de guerra se organicen cerquita de las fronteras rusas del Lejano Oriente. Según ella, el lunes mismo ya habían mandado la queja formal a la embajada japonesa en Moscú, de esas que llegan con tono de “mira lo que has hecho, jovencito”.

La advertencia fue clara como el agua del vodka: desplegar esos juguetitos Typhon en suelo japonés, aunque sea “solo para ejercicios”, es absolutamente inaceptable porque amenaza la seguridad de Rusia. Y, por supuesto, anunciaron que tomarán “contramedidas compensatorias” para garantizar su tranquilidad nacional. Traducción libre: “Si ustedes sacan los misiles, nosotros sacamos los nuestros y vemos quién parpadea primero”. Clásico.

Resulta que los estadounidenses ya habían mandado el sistema Typhon a la prefectura de Kagoshima en junio para practicar con las Fuerzas de Autodefensa japonesas. Ahora lo van a usar en estos ejercicios de septiembre y después, hacia mediados de octubre, se lo llevarán a una base militar yanqui en Japón como quien deja el coche en el garage del amigo. Todo muy normal, nada sospechoso.

La tensión viene de lejos, claro. Rusia y Japón llevan semanas intercambiando protestas como quien se pelea por el mando de la tele. Todo se calentó después de que Vladimir Putin hiciera una visita inusual a una isla en disputa que controla Rusia, justo frente a la costa noreste de Japón. La primera ministra japonesa, Sanae Takaichi, calificó el paseo de “absolutamente inaceptable” (parece que esa frase está de moda este mes) y Moscú respondió convocando al embajador japonés para quejarse de los comentarios “antirrusos”. En resumen: todos ofendidos, todos gritando y nadie dispuesto a bajar el volumen.

Así que mientras Japón, Australia y Estados Unidos se preparan para su mega producción bélica de septiembre, Rusia ya está ensayando su papel de vecino indignado que llama a la policía de la ONU cada vez que suena un petardo. ¿Paz en la región? Por ahora solo hay drama, misiles y muchas ganas de demostrar quién la tiene más larga en el mapa. Como en toda buena telenovela de adultos, esto apenas empieza y nadie va a quedarse callado.

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