Menudo drama de vecinos. China ha sacado este martes la cara de “yo no te he invitado” después de que Taiwán apareciera por la ceremonia de apertura del Foro anual de las Islas del Pacífico en Palaos. El enviado especial chino para asuntos de las islas del Pacífico, Qian Bo, no se anduvo con rodeos: dijo tener “serias preocupaciones” y soltó aquello de que “siempre habrá consecuencias”. Luego, para suavizar el golpe, añadió que “no es una amenaza”. Claro, como cuando tu cuñado te dice “no te lo tomes a mal” justo antes de soltarte la bronca del siglo.
Palaos, ese archipiélago de más de 500 islas que sigue manteniendo relaciones diplomáticas con Taiwán, tuvo la ocurrencia de dejar entrar a la isla gobernada democráticamente. Y a Pekín le sentó como un cubata sin hielo en plena resaca. “Esto es algo a lo que todos nos oponemos, así que no debería haber sucedido. Creemos que es muy inapropiado”, soltó Qian Bo a los periodistas después de la ceremonia. Traducción de adulto: “¿Cómo se atreven a invitar al primo que yo no quiero ver?”.
El primer ministro australiano, Anthony Albanese, le salió al paso con tono de dueño de la casa: “El Foro de las Islas del Pacífico determina lo que sucede aquí, no ningún otro país”. Y remató que se trata principalmente de una reunión de la familia del Pacífico y que él estaba deseando el encuentro. El ministro de Asuntos Exteriores de Nueva Zelanda, Winston Peters, se sumó al coro: el grupo no recibe instrucciones de países ajenos. O sea, “aquí mandamos nosotros, no el vecino con megáfono”.
Desde Taiwán, el titular de Asuntos Exteriores Lin Chia-lung respondió con la elegancia de quien sabe que le están mirando feo: se sienten honrados de servir como socios en el Pacífico y seguirán apoyando para hacer de la región un lugar más próspero y pacífico. Bonito discurso mientras China ya está calculando cómo de “no amenaza” van a ser esas consecuencias.
En resumen: Taiwán se plantó en la foto de familia del Pacífico, China montó el numerito de la ofensa monumental y Australia con Nueva Zelanda le recordaron que en esta fiesta no manda el que más grita. Como en toda buena comedia de adultos con islas de por medio, aquí hay más tensión diplomática que sillas en la terraza y nadie quiere soltar el micro. El Pacífico sigue siendo de la familia… aunque al primo de Pekín le hierva la sangre cada vez que ve al otro en la mesa.





