Justo cuando creías que tu sobrino no podía pasar más tiempo pegado al móvil, llega ByteDance, la mente maestra detrás de TikTok, con un nuevo plan para absorber lo que queda de nuestras almas. El fundador, Zhang Yiming, está supervisando personalmente el desarrollo de una nueva inteligencia artificial para crear vídeos espaciales. Al parecer, el señor Yiming se levantó un día y decidió que ver coreografías en una pantalla plana era demasiado aburrido y que ahora necesitamos vivirlas en tres dimensiones.
El plan es tan simple como aterrador: darle a los creadores de TikTok las herramientas para construir sus propios mundos virtuales interactivos. Imagina un universo digital diseñado por gente cuya mayor habilidad es sincronizar los labios con una canción de reguetón. Será como dejar a un grupo de niños de cinco años a cargo de la decoración del paraíso, pero con más filtros de belleza y retos virales peligrosos. La idea es que todo esto sirva para retransmisiones en directo, series de bajo presupuesto y videojuegos.
Con esta jugada, ByteDance le está plantando cara a los otros gigantes que ya intentaron vendernos el metaverso y fracasaron estrepitosamente. Meta y Apple gastaron fortunas en sus gafas de realidad virtual, que ahora muchos usan como pisapapeles de lujo. Pero ByteDance cree tener la fórmula secreta: en lugar de fabricar un aparato carísimo, trasladarán todo el trabajo pesado a la nube, permitiendo que las gafas sean más baratas y, probablemente, más feas.
La promesa técnica suena a ciencia ficción de saldo, con una latencia de 0.05 segundos y una fluidez de 20 fotogramas por segundo. Esto es, en teoría, lo suficientemente rápido para que tu avatar reaccione a tus órdenes, pero probablemente no lo bastante para esquivar un objeto virtual lanzado por otro usuario furioso. El objetivo es que los mundos virtuales respondan a tu voz y movimientos, convirtiendo tu salón en un plató de televisión interactivo y caótico.
Para financiar esta locura, la empresa se endeudó con un préstamo de 30.000 millones de dólares, una cifra con la que podrías comprar un país pequeño o un par de aguacates en el supermercado del barrio. Esta millonada se destinará a comprar todo lo necesario para que su inteligencia artificial, llamada Seedance, evolucione de ser una herramienta para editar vídeos a convertirse en el arquitecto de nuestra futura prisión digital.
Así que prepárate, porque el futuro no son los coches voladores ni la cura de la calvicie. El futuro es escapar de tu monótona realidad para entrar en un mundo virtual donde podrás ver a alguien hacer el mismo baile de siempre, pero ahora tan cerca que casi podrás oler su desesperación por conseguir seguidores. Es el progreso, amigos.





