El peso mexicano se corona rey de la fiesta cambiaria mientras Brasil y Colombia sufren la cruda

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Agosto fue un mes de locos para las monedas de América Latina, una especie de concurso de belleza donde algunas desfilaron con garbo y otras tropezaron en la pasarela. El dólar estadounidense andaba más indeciso que un político en campaña, primero debilitándose y luego sacando músculo tras un discurso de Kevin Warsh, el mandamás de la Reserva Federal. Su sermón, que dejó la puerta abierta a más subidas de tasas, fue como apagar la música en plena fiesta y provocó una reacción desigual en la región.

El gran ganador fue el peso mexicano, que se apreció un 2,03% y se pavoneó como el más galán del baile. Su secreto es una combinación de fundamentos sólidos y el famoso «carry trade», que es básicamente el arte de pedir dinero prestado donde es barato para invertirlo donde pagan una millonada. Gracias a su diferencial de tasas, México sigue siendo el bar de moda para los inversionistas que buscan un trago fuerte, rápido y rentable.

En el podio de los ganadores también se colaron el guaraní paraguayo, con un avance del 0,90%, y el sol peruano, con un 0,84%. El guaraní se ha puesto tan fuerte gracias a las exportaciones que ya está causando problemas en casa, encareciendo los costos locales como un fisicoculturista que ya no cabe en su propia ropa. El sol, por su parte, demostró una resiliencia digna de un maratonista, aguantando la volatilidad gracias a los altos precios de los metales y a que su banco central le echa una manita de vez en cuando.

Del otro lado de la moneda, literalmente, están los que terminaron la fiesta con una resaca monumental. El real brasileño fue el que más sufrió, cayendo un 2,17%, víctima del nerviosismo que generan las próximas elecciones presidenciales. Le siguió de cerca el peso colombiano, con una pérdida del 2,15%, que después de haberse apreciado más del 20% en el año, le dio el patatús a finales de mes, demostrando que todo lo que sube, a veces se desploma con estilo.

Así, la mitad de las monedas de la región terminaron el mes con una sonrisa y la otra mitad buscando una aspirina. El peso chileno perdió un 0,34% y el argentino un 1,42%, uniéndose al club de los apesadumbrados. El cierre de agosto deja el escenario listo para el siguiente capítulo de esta telenovela financiera, donde todos estarán atentos a los próximos movimientos de Estados Unidos y a los dramas locales que nunca faltan en el guion.

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