Parece que el mundo adulto ha perdido la cabeza, o al menos el control de su cartera. Las ventas de la PlayStation 5 en Estados Unidos se dispararon un insólito 22% en septiembre, y no precisamente porque la gente se esté preparando para una crisis existencial, sino para el inminente apocalipsis de delincuencia virtual conocido como Grand Theft Auto VI. Los consumidores están actuando como si el juego viniera con un manual para evadir impuestos, comprando consolas con la desesperación de quien se entera que mañana sube el precio de la cerveza.
El dineral que está entrando en las arcas de Sony es para reírse a carcajadas, con un aumento del 43% en sus ingresos por hardware. Este milagro financiero se debe, en parte, a que la gente está dispuesta a pagar 900 dólares por la PS5 Pro, una versión “mejorada” que cuesta un riñón y parte del otro. La consola ya se agotó en la mayoría de tiendas, demostrando que no hay nada como la promesa de robar autos virtuales para que la gente vacíe su cuenta de ahorros más rápido que en el Buen Fin.
La razón de este frenesí es que GTA 6 saldrá el 19 de noviembre exclusivamente para las consolas de Sony y Microsoft, dejando a los jugadores de computadora mirando al techo por tiempo indefinido. Sony, que tiene la plataforma más popular, se está frotando las manos, promocionando su PS5 Pro como la única forma “digna” de apreciar los gráficos del juego. La cosa se puso tan intensa que hasta Netflix lanzó una minipelícula basada en el juego que se convirtió en lo más visto, porque al parecer ya no es suficiente con solo jugar.
Mientras Sony organiza una fiesta con el dinero de todos, a otros no les va tan bien. Las ventas de la mucho más nueva Switch 2 de Nintendo cayeron un 14% en el mismo mes, probando que ni un plomero bigotón puede competir contra el sueño de una vida criminal digital. La situación es tan crítica que el director de Twitch básicamente les advirtió a los demás estudios de videojuegos que mejor ni se molesten en lanzar nada durante las fiestas, porque nadie les hará caso.
Lo más absurdo de todo es que Sony está logrando esto con una consola que tiene casi seis años, un vejestorio en el mundo de la tecnología que están exprimiendo hasta la última gota. A pesar del éxito, la empresa enfrenta el problema de que fabricar cada consola les deja menos ganancias por los altos precios de la memoria. Así que ya lo sabe: mientras su cuenta de banco llora, podrá consolarse robando autos de lujo en alta definición. ¡Prioridades, señores, prioridades




