En un giro de guion más dramático que telenovela de las nueve, las farmacéuticas Moderna y Merck se preparaban para deslumbrar al mundo con su nueva vacuna contra el melanoma, pero alguien les arruinó la sorpresa como el amigo que cuenta el final de la película. El chiste les salió carísimo, pues sus acciones en la bolsa se desplomaron con más fuerza que la autoestima de uno en lunes por la mañana, todo por una filtración inoportuna.
La indiscreción, digna de un espía de pacotilla, surgió en la red social X a través de fuentes menos confiables que un político en campaña. El resultado fue que las acciones de Moderna se hundieron un récord del 26%, mientras que las de su compinche Merck cayeron un 3.9%. Al parecer, a los inversionistas no les hizo ninguna gracia que les adelantaran los resultados que se suponía eran el plato fuerte de un congreso médico en Madrid.
El chisme digital, atribuido a una publicación de dudosa procedencia, soltó la sopa antes de tiempo: la vacuna, en combinación con el medicamento Keytruda, lograba una reducción del 42% en la recurrencia del cáncer o muerte. Además, conseguía una disminución del 38% en el riesgo de que el cáncer se esparciera a otras partes del cuerpo. Básicamente, el gran secreto multimillonario terminó circulando como un meme cualquiera.
Aquí viene lo bueno del sainete: la razón del pánico financiero es que las cifras filtradas, aunque buenas, no eran tan espectaculares como las de un estudio previo. Un ensayo anterior, aunque no era directamente comparable, había mostrado números más jugosos, con una reducción del 49% en la recurrencia y un 59% en la metástasis. Es como esperar un aumento del 50% y que tu jefe te dé una palmada en la espalda y un 40%.
Y todo este alboroto es porque esta tecnología de ARNm es la gran esperanza contra el cáncer después de décadas de fracasos, con potencial para aplicarse a tumores de pulmón, vejiga y otros. El estudio, que involucró a más de 1,100 pacientes, era el evento científico del año. Lástima que el encargado de guardar el secreto tenía la misma seguridad que una contraseña escrita en una nota adhesiva pegada al monitor.
Mientras tanto, los pobres investigadores en Madrid seguramente están ensayando su cara de sorpresa para la presentación oficial del sábado, aunque ya todo el mundo se sepa el final del cuento. Moderna, por su parte, se ha negado a hacer comentarios, probablemente porque estaban demasiado ocupados buscando al becario que dejó la sesión de X abierta en la computadora de la oficina.




