Cineasta convierte tráfico y ladridos de la Narvarte en película de arte

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El director mexicano-canadiense Nicolás Pereda llegó al Festival de Cine de Morelia para competir con *Lo demás es ruido*, una obra que demuestra que la línea entre una sinfonía contemporánea y el claxon de un microbús es, básicamente, una alucinación colectiva. Su película explora el elitista mundo de la música académica con el mismo respeto que un gato le tiene a un vaso en la orilla de una mesa.

La cinta sigue a tres artistas mientras navegan los dramas del circuito creativo, chismes de pasillo y apagones en su departamento de la Narvarte. Pereda, junto al coguionista Juan Francisco Maldonado, se inspiró en los cotilleos que escuchaban sobre músicos clásicos, confirmando que el chisme es el verdadero motor del arte. El director admite con descaro que se burla un poco de cómo los creadores inventan historias rimbombantes y casi mitológicas para justificar su obra, un proceso similar a explicar por qué llegaste tarde al trabajo.

El rodaje fue una odisea digna de una pastorela urbana. El equipo tuvo que filmar entre Navidad y Año Nuevo, cuando la ciudad es un estacionamiento gigante con villancicos. El ruido del tráfico, los gritos y el perro del vecino se colaron en cada toma. En lugar de despedir al sonidista, Pereda tuvo una epifanía: el verdadero arte no era el chelo, sino el caos exterior. Así, el estruendo citadino no solo se volvió parte del audio, sino el protagonista absoluto.

Al final, *Lo demás es ruido* no es solo el título, es un manual de supervivencia para cualquier creador en la Ciudad de México. La película compite en el FICM, demostrando que para ganar un premio a veces solo necesitas grabar el escándalo de la calle y ponerle subtítulos elegantes.

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