María Corina Machado volvió a Caracas como quien entra por la ventana en plena fiesta ajena. Publicó en X que estaba con la gente y agradeció a Trump y a Marco Rubio su respaldo, sin explicar cómo cruzó la frontera ni dónde se esconde ahora. El regreso tomó por sorpresa hasta al propio Trump, que declaró no saber nada al salir de la Casa Blanca.
La encuesta de AtlasIntel le da un 61 por ciento de aprobación y la coloca muy por delante de Delcy Rodríguez en una hipotética elección. Rodríguez enfrenta un dilema incómodo: permitir que Machado haga campaña libremente o detenerla y arriesgarse a que Washington reaccione. Hasta ahora el gobierno ha dejado volver a otros opositores, pero Machado representa la amenaza más directa.
El acuerdo energético que entrega a Estados Unidos acceso a 65 mil millones de barriles sigue su curso sin la líder opositora. Las conversaciones entre el gobierno y una facción de la oposición avanzan en reformas de leyes, mientras Machado se queda fuera del proceso y critica el trato con el empresario Alejandro Betancourt.
El momento no podría ser más incómodo para Rodríguez. Faltan menos de dos semanas para las elecciones de mitad de período en Estados Unidos y ya se registraron protestas en varias ciudades venezolanas con detenciones breves y bloqueos de calles. Machado había estado en la clandestinidad desde las elecciones de 2024 y salió del país para recoger su Premio Nobel de la Paz.
Su regreso plantea una pregunta simple: ¿hasta dónde está dispuesta Rodríguez a abrir la puerta antes de que la situación se le escape de las manos? Por ahora Machado solo ha dicho que está allí, con la gente, y eso ya basta para que el tablero político venezolano vuelva a temblar.




