En un drama digno de telenovela con balones, Víctor Manuel Vucetich, el estratega de Tigres, se sentó frente a los micrófonos. Más que una conferencia, parecía una sesión de terapia grupal sobre compras de pánico y amores no correspondidos, todo con el Clásico Regio 143 respirándole en la nuca.
El culebrón estelar es Guillermo “Memote” Martínez. Vucetich confesó que ya había hablado con él, en un plan casi de “¿quieres ser mi novio?”. El “sí” del jugador estaba en el aire, pero Pumas se portó como un suegro celoso, escondiendo al muchacho y ofreciéndole una renovación hasta 2026 para que no se escapara de casa. “El obstáculo está siendo la gente de Pumas”, lamentó Vuce, casi dibujando un corazón roto en su libreta de apuntes.
Ante la negativa, Tigres activó el plan B, como cuando tu primera opción para el baile te rechaza. El uruguayo Emiliano Gómez, del Puebla, ya está prácticamente en la bolsa. “Lo de Emiliano es más factible”, aseguró el técnico, confirmando que necesitaban a alguien “a la voz de ya” para llenar los zapatos de Gignac y Correa, que eran más o menos talla cincuenta. Para el Clásico del 12 de septiembre, Vucetich volverá al Estadio BBVA, esperando una mezcla de aplausos y tomatazos, como cualquier ex que se aparece en la fiesta familiar sin ser invitado.
Así, mientras Pumas mantiene a su joya en una torre de marfil, Tigres llega al Clásico Regio con un delantero de emergencia y la esperanza de que el pegamento aguante los noventa minutos. Una estrategia audaz que combina desesperación con pragmatismo, el sello inconfundible del fútbol moderno.



