Como si se tratara de tres amigos tratando de organizar un asado, las bolsas de Colombia, Perú y Chile siguen enredadas en su plan de crear un mercado único de acciones para el próximo año. El gerente de Mercados de Nuam, Andrés Restrepo, salió a decir con cara de optimismo que “el objetivo es tener un mercado único el próximo año”, una frase que suena muy parecida a la de quien promete empezar la dieta el lunes. El gran sueño de unir sus mercados financieros avanza, pero al ritmo de un caracol con resaca.
El principal cuello de botella, al parecer, está en Perú, que es como ese amigo que a última hora dice que no tiene qué ponerse. Resulta que en tierras incas no existe la figura de la “Cámara de Riesgo Central de Contraparte”, un nombre tan rimbombante que suena a ministerio de la verdad de una película de ciencia ficción. Están trabajando para crearla a principios del próximo año, lo que básicamente significa que primero tienen que inventarse al árbitro para poder jugar el partido.
Lo más irónico es que, según el mismo Restrepo, ya lograron ponerse de acuerdo en el 95% de las reglas que rigen el mercado. Este logro es el equivalente a armar casi todo un mueble de paquete y darte cuenta de que te falta el tornillo principal para que no se desarme con solo mirarlo. Esa pequeña diferencia del 5% es donde, como siempre, se esconde el diablo y toda la burocracia imaginable.
Además de los trámites legales, todavía quedan detallitos logísticos por resolver, como los horarios de negociación. Chile, al parecer, vive en su propia zona horaria financiera, distinta a la de Perú y Colombia, complicando la coordinación más que una videollamada familiar. Para el tema de las monedas, la solución es ofrecer al inversionista la opción de apostar en moneda local o en dólares, dándole la libertad de elegir de qué manera prefiere que le den los dolores de cabeza financieros.
Y para que nadie piense que toda la culpa es de Perú, Colombia también tiene sus propios deberes sin hacer. Tienen pendiente un par de asuntos regulatorios, uno relacionado con el acceso de jugadores extranjeros y otro con una diferencia cambiaria con el Banco de la República. Básicamente, es la clásica situación en la que todos señalan al otro mientras su propio cuarto está hecho un desastre.



