México patea la lata de su deuda esperando un milagro económico

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El gobierno de México, en un arranque de optimismo que ya quisiera un coach de vida, ha presentado su plan económico para los próximos años. La estrategia, digna de un estudiante que deja todo para el último día, consiste en pisar el acelerador del crecimiento económico y ya después, si eso, vemos cómo pagamos las deudas. Según los genios de Franklin Templeton, es como comprarse un auto nuevo con la tarjeta de crédito, confiando en que te vas a ganar la lotería la próxima semana para pagarlo.

La apuesta es clara: si el país logra crecer a un ritmo de entre 2.5% y 3%, el dinero extra podría mágicamente tapar el hoyo fiscal. Luis Gonzali, el vicepresidente de inversiones que seguro duerme con una calculadora bajo la almohada, advierte que este plan tiene más suspenso que final de telenovela. Si el crecimiento no llega como un superhéroe al rescate, para 2029 o 2030 podríamos perder el «grado de inversión», que es el equivalente a que el banco te cancele las tarjetas y te ponga en la lista negra.

Pero si pensaban que en México éramos unos genios de la procrastinación financiera, esperen a ver a nuestro vecino del norte. Estados Unidos está jugando al mismo juego, pero en modo experto. Su déficit fiscal también tiene a los mercados más nerviosos que un gato en un cuarto lleno de mecedoras. Su deuda, que ya ronda el 100% de su PIB, podría escalar hasta un escalofriante 120% en la próxima década. Básicamente, le deben dinero hasta al señor de los elotes.

Allá tienen a su propio sheriff financiero, el secretario del Tesoro Scott Bessent, un personaje que parece sacado de una película de apostadores. El tipo no tuvo mejor idea que pararse frente a los mercados y soltar un «aquí la banca soy yo», retando a cualquiera a apostar en su contra. Para que se den una idea, este señor fue uno de los que ayudó a George Soros a quebrar a la libra esterlina en 1992, así que currículum para armar líos no le falta.

Sin embargo, los expertos como Gonzali nos recuerdan que por más que uno se crea el dueño del casino, el mercado siempre cobra la cuenta. Defender lo indefendible es como intentar tapar el sol con un dedo o convencer a tu tía de que no comparta noticias falsas. Tarde o temprano, la realidad te da un zape. Así que mientras los gobiernos juegan a la ruleta con la economía, al resto de los mortales solo nos queda ir guardando los ahorros debajo del colchón.

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