Cuando creías que pedirle plata a un amigo era incómodo, llega YPF y le pide al mundo una modesta propina de US$1.200 millones, y se la dan sin chistar. La petrolera argentina acaba de concretar la segunda mayor emisión de deuda para una empresa del país desde 2015, demostrando que todavía hay gente dispuesta a apostar más fuerte que un ludópata en Las Vegas. Con esa cantidad de dinero, podrían finalmente arreglar todos los baches de la Panamericana o, al menos, comprarle un yate a cada empleado.
El mandamás de la empresa, Horacio Marín, casi se sube a la mesa a bailar un malambo de la emoción, declarando que hicieron historia. Y no es para menos, ya que es el mayor monto conseguido por una compañía argentina en los últimos 11 años. Para ponerlo en perspectiva, en una sola jugada, YPF consiguió más financiamiento que todas las demás empresas del país juntas en el 85% de los meses de la última década. Básicamente, YPF estornudó y recaudó más plata que el resto en un año de trabajo.
El interés de los inversores fue tan desbordado que la demanda llegó a los US$2.200 millones, casi el doble de lo que terminaron aceptando. Después de reunirse con más de 50 financistas en Nueva York, parece que la presentación que llevaron era más convincente que un político en campaña prometiendo asado gratis. O eso, o los inversores simplemente vieron la oportunidad de subirse a un tren bala que, con suerte, no descarrila antes de llegar a la estación.
Pero aquí viene la letra chica, el asterisco del tamaño de un Obelisco: el riesgo país. La agencia S&P le puso a la emisión una calificación de «B», pero aclaró que el perfil de YPF solito sería un «b+», un escalón más arriba. El problema, como siempre, es la familia. Es como decirle a tu pareja: «Cariño, tú eres un diez, pero tu primo el que prende fuego al quincho en los asados me genera desconfianza».
Con el botín en mano, YPF planea hacer la clásica jugada de tapar un pozo destapando otro: pagar deudas viejas que vencían entre 2027 y 2029 para patear el problema hasta 2035. Además, usarán una parte para seguir metiéndole plata a Vaca Muerta, con la esperanza de que el petróleo y el gas broten como los memes después de un partido de la selección. Mientras tanto, el resto de los mortales seguiremos calculando si nos alcanza para la pizza del viernes.



