Saquen la cinta métrica y preparen la lechuga, porque la Secretaría de Hacienda ha decidido que las finanzas públicas necesitan bajar esa pancita fiscal que se cargan. Con la solemnidad de quien jura empezar el gimnasio el próximo lunes, el secretario Édgar Amador Zamora anunció su gran plan para el 2027: reducir el déficit de un preocupante 4.1% a un todavía preocupante 3.9% del PIB. La estrategia, según sus palabras, será “paulatina, pero firme y constante”, lo que en español de la calle se traduce como “despacito, que no se note, pero con mucha convicción”.
¿Y de dónde saldrá el milagrito para tapar el agujero? Pues de donde siempre: de nuestros bolsillos. El plan maestro contempla una sacudida a la Ley del Impuesto sobre la Renta para exprimir unos 140,000 millones de pesos adicionales. Es el equivalente a que el gobierno se ponga a buscar monedas debajo de los cojines del sofá nacional, solo que los cojines son nuestras carteras y la búsqueda se siente más como una revisión de rutina en el aeropuerto. Todo sea por la salud financiera del país, claro está.
Pero no todo será apretarse el cinturón, también hay planes de gastar a lo grande, o al menos eso parece. Se programaron 560,000 millones de pesos para proyectos prioritarios, con una tajada de 150,000 millones para ferrocarriles, porque al parecer nos urge movernos en tren. La trampa es que el gobierno está cruzando los dedos muy fuerte, esperando que la inversión privada se ponga guapa y aporte la mayor parte del dinero gracias a una nueva Ley de Infraestructura. Es como organizar una fiesta y poner solo las papitas, esperando que los invitados traigan el resto.
Mientras tanto, en el problemático barrio de Pemex, las cosas pintan un poco menos catastróficas. La paraestatal recibirá un apoyo de “apenas” 81,100 millones de pesos, una bicoca si lo comparamos con los 260,000 millones que le aventaron el año anterior. Es como felicitar a tu sobrino el vago porque este mes solo te pidió para el autobús y no para la renta completa. Tan bien van las cosas que la empresa ya hasta se animó a pedir prestado en pesos, algo que no se atrevía a hacer desde hace ocho años.
Para rematar el cuadro, resulta que el 2027 es un año de elecciones intermedias, ese mágico periodo en que el dinero público fluye como si no hubiera un mañana. A pesar de esto, el responsable de las finanzas públicas asegura que, en lo fiscal, será “un año normal”. Claro que sí, campeón. Y los políticos siempre cumplen sus promesas de campaña, sobre todo en año de elecciones. Confiamos ciegamente en que nadie usará la chequera para ganar unos cuantos votos.



